Emergente y con grado de inversión

Con esta configuración se espera que el Para­guay cierre la segunda década del siglo XXI, siendo una economía emergente y con grado de inversión. Ambos factores garantizarían al país previsibilidad como prerrequisito para atraer inversiones. Por lo primero debe entenderse una economía que, sien­do de un país en desarro­llo, crece con su propio impulso de producción, industrialización y comercio exterior, com­pitiendo con naciones más desarrolladas. ¿Qué factores determinan esta condición? Funda­mentalmente cuatro: crecimiento económico sostenido, estabilidad política, capacidad de consumo de su pobla­ción y solidez de su sistema financiero. Tres de ellos son positivos en nuestro país a excepción del consumo que por su pequeño volumen es un factor de peso relativo. En cuanto a la califica­ción crediticia, la lucha por escalar un peldaño es dura e incierta. Las tres calificadoras (Fitch Ratings, Moody’s y Standard&Poor’s) emiten sus ranking teniendo en cuenta el nivel de solvencia del emisor de deuda y en función del mismo, informar al potencial inversor el grado de riesgo asumido al adquirir sus títulos. Los avances logrados por el Paraguay nos han ido llevando a posiciones cada vez más elevadas pero aún han sido insuficientes para abandonar la zona de especulación para alcanzar el grado de inversión. Lo importante en esta costosa navegación por los mercados financieros es mantener el rumbo. Una economía abierta, de libre competencia, con un Estado regulador, no intervencionista y facilitador de negocios es el medioambiente que buscan los inversionistas para plantar capitales. Cualquier atisbo de ruptura de estas reglas de juego se reflejan de inmediato en las variables de calificación. Y volver de lo negativo o estable hacia lo positivo es tarea altamente costosa.

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