Estado de Nueva York da un espaldarazo a I Love Paraguay

Por José Zalazar y Carlos David Alonso desde Nueva York

 

Nueva York es la capital mundial de las finanzas y además es una urbe reconocida por sus res­taurantes para paladares más exigentes y el para­guayo no es la excepción, de hecho a raíz del éxito del Restaurante I love Paraguay en Queens, NY, los propietarios decidiron ampliar el negocio con un segundo establecimeinto Sabor Guarani esta vez en Bayside, NY.

RESPALDO

Un hermoso letrero de madera con el emblema de una guampa, una taza tradicional de cuerno de toro para beber tereré (yerba maté hecho en frío, un antídoto para el clima sofocante de Paraguay), y la leyenda “El La mejor cocina paraguaya “, dan la bienvenida a todos los co­mensales del restaurant que juega a ser una suerte de extensión cultural pa­raguaya en la ciudad que nunca duerme.

Una familia de para­guayos, compuesta por la pareja Nancy Flores y Carlos Raul Ojeda, y sus hijos Natalia y Fabricio, decidieron ir de Asunción a los Estados Unidos para crear allí un lugar especial de Paraguay.

Lo mismos propieta­rios refieren que entre otros factores la ayuda del Estado de Nueva York. También hizo posible el negocio ya que para ellos los “small bussines son muy importantes por que generan empleos.

MADE IN PARAGUAY

Las recetas provienen de Nancy Ojeda, natural de Asunción, la capital paraguaya, que dirige el restaurante junto con su esposo, Carlos, y su hijo, Fabricio. Los mejores pla­tos son los más tradicio­nales, como el chipa gua­zu, un pastel salado que se balancea en el soufflé, endulzado con granos de maíz enteros y cremoso de Muenster, un queso que aparece en la mitad de los platos aquí como un sustituto del queso crudo de leche de vaca Paraguay.

Los precios van desde USD 2, que son las empa­nadas, a USD 6,25 todos los caldos, mientras que una marinera con ensala­da rusa cuesta USD 15,99.

Venden al día 10 jarras de cocido por una de café. Asimismo, brindan yerba mate, panificados, miel negra, dulces, cocido en saquitos y quemado, chi­pitas, mbeju y chipa mix, todos traídos de Paraguay.

ADN CULTURAL

 

 

 

 

La comida paraguaya es implacablemente rica, aunque esto no se regis­tra necesariamente has­ta después. El huevo se empaqueta junto con la carne picada dentro de las empanadas. Una tortilla no es el disco espartano habitual, sino un buñuelo resistente, mezclado con cebolla verde y sabor como un panqueque de cebollín chino, con un flequillo de burbujas crujientes.

Payagua mascada, em­panadas de carne de vaca reforzadas con mandioca y envueltas en harina, emergen del aceite ca­liente como hamburgue­sas fritas. Vori vori kesu, sopa de queso, evoca una fondue diluida, casi airea­da, con, en sus profundi­dades, zanahorias, judías verdes y bolas de gnudi (“vori vori” en guaraní) de harina de maíz y, sí, Muenster, un queso tierno con una corteza naranja y un interior blanco.

El mismo New York Ti­mes especuló sobre las posibilidades de que las altas calorias conteni­das en los platos se re­monten a tiempos de la guerra grande de 1870 en donde la triple alianza habia causado estragos en la población no solo al punto de diezmarla con violencia sino también de hambre.

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