El estrés como potenciador de la productividad laboral

EL MODELO DE U INVERTIDA SE REFIERE A LA RELACIÓN DE ACTIVACIÓN Y RENDIMIENTO

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Muchas personas tie­nen la sensación de que su rendimiento mejora cuando se sienten pre­sionadas. Por ejemplo, es probable que más de una vez te haya sorprendido la facilidad con la que has conseguido memo­rizar el temario de un examen a pesar de es­tudiarlo sólo el día ante­rior, en comparación con otras ocasiones en que has dedicado mucho más tiempo, según detallan en el portal Psicología y Mente.

También se le llama, modelo de la U inverti­da y refiere a la relación entre el nivel de activa­ción y el rendimiento. El modelo de Yerkes y Dodson plantea que la relación entre estrés y rendimiento se puede representar en forma de U invertida. Esto signi­fica que el rendimiento será óptimo si el nivel de activación es mode­radamente elevado; en cambio, si es demasiado alto o demasiado bajo repercutirá de forma ne­gativa en el resultado de la tarea.

MAYOR  RENDIMIENTO

Plantea que el mejor modo de potenciar el rendimiento, consiste en aumentar la motivación para llevar a cabo las ta­reas objetivo, si bien es igualmente importante procurar que la carga de trabajo no llegue a ser difícil de manejar, pues­to que ello interfiere con el desarrollo natural de la actividad y genera sentimientos desagra­dables.

Cuando llevamos a cabo tareas con un nivel bajo de estrés o de alerta, con frecuencia nos abu­rrimos o bien la falta de presión reduce nuestra productividad; si las demandas son excesi­vas tendemos a expe­rimentar sentimientos de ansiedad y malestar psicológico general. Por el contrario, cuando la tarea resulta estimu­lante y desafiante nos concentramos en mayor medida.

FACTORES ENTRE ESTRÉS Y  RENDIMIENTO

Existen al menos cuatro factores que tienen un papel muy relevante en la relación entre el nivel de activación y la pro­ductividad:

  1. Complejidad de la tarea

Si la tarea que tene­mos que llevar a cabo es difícil, necesitaremos invertir más recursos cognitivos (relativos por ejemplo a la atención o a la memoria operativa) que si no lo fuera.

En consecuencia, las ta­reas complejas requieren un nivel menor de pre­sión para que se alcance el rendimiento óptimo que las sencillas, puesto que resultan estimulan­tes por ellas mismas.

De esto se desprende la idea de que es importan­te adaptar los niveles de presión ambiental a la dificultad de la tarea por tal de potenciar la pro­ductividad, de modo que los entornos tranquilos son más recomendables a la hora de realizar ac­tividades desafiantes, mientras que un am­biente enriquecido pue­de ayudar a mejorar la calidad al afrontar tareas fáciles.

  1. Nivel de habilidad

Como sucede con la di­ficultad de las tareas, tener en cuenta el nivel de habilidad del sujeto es trascendental a la hora de determinar cuál es la presión ambiental ideal.

Podemos decir que la práctica en un dominio reduce la dificultad de las tareas que se englo­ban en éste, de modo que relacionar estas dos va­riables puede ser útil al aplicar la ley de Yerkes-Dodson.

  1. Personalidad

Sería reduccionista pensar que modificar el nivel de estimulación o de presión ambiental sin más puede permitirnos influir en el rendimien­to de otras personas de forma fiable: si lo hi­ciéramos, estaríamos obviando algo tan im­portante como la per­sonalidad de cada indi­viduo.

  1. Ansiedad-Rasgo

El factor de persona­lidad que conocemos como “ansiedad-rasgo” hace referencia a la ten­dencia a experimentar emociones negativas re­lacionadas con la ansie­dad, como la inquietud, el miedo y la preocupa­ción.

La ansiedad-rasgo constituye el núcleo del constructo Neuroticis­mo; en este sentido se opone al factor ‘estabili­dad emocional’.

 

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