Futuro inalámbrico

Desde la aparición del Internet, el mismo se ha convertido definiti­vamente en una parte imprescin­dible de nuestro accionar diario. De tener una conexión física fija en sus inicios, con el transcurrir del tiempo, la aparición del Wi-Fi, que es una tecnología que posibilita la interconexión inalámbrica de distintos dispositivos electrónicos, se ha expandido y ha pasado de ser un simple mé­todo de conectividad a desempeñar un rol estratégico para las comunicaciones entre los usuarios finales de este servicio.

Mediante esta red pueden conectarse va­rios dispositivos como ser smartphones, computadores, televisores, tablets, y próxi­mamente empezaremos a ver conectados otros aparatos como ser electrodomésticos, automóviles, entre otros. Su uso en la actua­lidad ya se extiende a campos complejos in­clusive como ser la telemedicina, con lo que prácticamente todo nuestro entorno estará conectado a la red, generando así un sinfín de nuevas oportunidades de negocios nun­ca imaginadas. Es por este motivo que el consumidor final exige que su conexión sea cada vez más rápida, y de buena calidad, así como tener disponibilidad de red en cual­quier lugar y momento, por lo que las redes inalámbricas son imprescindibles ante estos nuevos requerimientos. Ante este escenario, las compañías de telecomunica­ciones tienen un gran desafío por delante para complacer estas nuevas y crecientes necesidades.

Cuando hablamos de redes inalámbricas, consideramos la tecnología 3G y 4G, y próxi­mamente estaremos hablando del 5G, que está siendo desarrollada con la idea de sa­tisfacer la necesidad en un futuro donde se­gún las estimaciones podremos ver 41.000 millones de dispositivos activos conectados a redes inalámbricas, y que de acuerdo con las predicciones estaría disponible a nivel global a partir del 2020.

El futuro de las telecomunicaciones, nos depara un escenario en el cual los cables de cobre definitivamente dejarán de ser una necesidad, ahorrando con esto millones de dólares a las compañías tanto en materiales como en mantenimiento de la red, posibili­tando re direccionar estos costos en nuevas inversiones, por lo que es imprescindible para las mismas estar a la vanguardia, apro­vechando las oportunidades que nos ofre­cerán las futuras tecnologías para mejorar y modernizar nuestros niveles de vida.

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