Grupos vulnerables son los más excluidos de la educación

MCS Consultor

La educación es la base para la supera­ción personal y para el desarrollo de la so­ciedad, es por tanto, un instrumento de política pública para luchar contra la pobreza y la desigualdad de oportu­nidades que la misma genera. En Paraguay, el 30% de los niños que no asisten a la enseñanza escolar básica no lo hace porque no tiene los recursos económicos mínimos en el hogar.

¿MENOR EDUCACIÓN CALIDAD EDUCATIVA A LOS MÁS POBRES?

S Casillas, J. (2008) citando Jean Pierre Terrail menciona que “los sectores menos favorecidos de la sociedad reciben una educación de menor calidad”, éste último plantea que en países industriali­zados se les da educativamente menos a los que menos tienen.

En Paraguay esta teoría no debería cumplirse ya que, la Ley N° 1264/98 “General de educación” reza en su artículo segundo que “el Estado tendrá la responsabilidad de asegurar a toda la pobla­ción del país el acceso a la educación y crear las condiciones de una real igualdad de oportunidades” y se agrega en su artículo N° 32 que “La educación escolar básica comprende nueve grados y es obligatoria. Será gratuita en las escuelas públicas de gestión ofi­cial, con la inclusión del preescolar”.

Según la Encuesta Permanente a Hogares – EPH, del año 2016, el 91,68% de los niños de 6 a 14 años se encuentra en la Educación Es­colar Básica (EEB), el 5,64% en la Educación Inicial (EI) y el 2,68% no asista a ninguna institución de enseñanza.

Aparentemente éste último dato, es un porcentaje pequeño, sin embargo, son más de 26 mil niños, niñas y adolescentes que te­niendo la edad escolar, no asisten a ninguna institución educativa.

Siguiendo éste análisis, por área de residencia, los datos revelan que el 53,88% de los niños que no asisten se encuentran en el área rural y el 46,12% en el área urbana. Por departamentos, se aprecia que los de mayor tasa de inasistencia son Alto Paraná (18,54%), Itapúa (17,2%) y Caaguazú (13,47%). Los niños que éstos departa­mentos que no estudian, se dedican principalmente a tareas do­mésticas del hogar y a la agricultura, y pertenecen a familias con ingresos bajos.

El promedio de años de estudio de los niños que no asisten es de apenas 4,43 años. El 37,73% cursó hasta el sexto grado mientras que, otro porcentaje importante, 13,69%, llegó sólo hasta el tercer grado. Un dato que llama la atención es que de los que no asisten a instituciones educativas, los que no saben leer ni escribir repre­sentan el 18,87%.

La tasa de analfabetismo para los niños de 6 a 14 años es de 12,11%, para escuelas públicas es de 11,72%, para escuelas privadas es de 9,75% y para escuelas subvencionadas es de 7,31%. Si bien, más del 80% de los estudiantes de la EEB van a las escuelas públicas, éstas tienen un importante grado de analfabetismo, lo que indica la baja calidad de la enseñanza de las instituciones a las que asisten las personas menos favorecidas.

Según los datos de la EPH (2016), para 30% de los que no asisten, el principal motivo para no estudiar es el económico: el 27,4% indica que no cuenta con recursos en el hogar para seguir estudiando, el 2,2% tiene la necesidad de trabajar y el 0,4% alega que los materia­les y la matrícula son muy costosos.

Al relacionar la inasistencia escolar y el nivel de pobreza, los datos muestran que el 62% de los niños que no asisten a las instituciones educativas se encuentran en condiciones de pobreza y el 22% de éstos no sabe leer ni escribir, lo que nos hace pensar que la premi­sa planteada por Jean Pierre Terrail, quizá sea cierta.

CALIDAD EDUCATIVA VS POBREZA

Mejorar la calidad educativa para la población en situación de po­breza es un gran desafío para el Gobierno, la no resolución de éste problema genera exclusión, situación que atenta severamente contra el desarrollo personal y social de los estudiantes.

Según el informe de la UNICEF 2016 “Perfiles de la exclusión edu­cativa en la República del Paraguay”, la población de zonas rurales es la más expuesta a la exclusión.

En las zonas rurales, la calidad de la educación primaria, es pro­blema serio. Partiendo desde la propia infraestructura edilicia, existen escuelas cuyas infraestructuras se encuentran debilitadas y los niños deben dar clases bajo árboles, se exponen al sol, a la lluvia y a otros factores naturales que los distraen y dificultan su aprendizaje.

Adicionalmente, muchos niños del área rural no se alimentan co­rrectamente en su hogar y van a dar a clases, en muchos casos con hambre, lo que también afecta su aprendizaje. El MEC, a través de las municipalidades distritales, contribuyen a mejorar la nutrición de los niños en edad escolar a través del programa “Almuerzo Es­colar”, sin embargo, según la EPH (2016), este llega al 74,13% de los niños de 6 a 14 años de zonas rurales.

Según el último informe del Foro Económico Mundial “The Glo­bal Competitiveness Report 2016–2017” en cuanto a la calidad de la educación primaria en Paraguay se encuentra en el puesto 136 de 137 economías, la penúltima en el mundo, sólo por encima de Mozambique. Éste dato revela el atraso que tenemos en materia de educación primaria en Paraguay y que, si bien lo que se está haciendo en materia de políticas educativas ha posibilitado cier­tos avances en cantidad, no está aportando lo suficiente en calidad para mitigar esta pésima posición a nivel mundial.

Hoy parece una utopía que estas disparidades se puedan mitigar, sin embargo, si todos los agentes involucrados en el sistema edu­cativo trabajan coordinadamente en pos de una educación prima­ria de calidad, el niño de la zona rural, tendrá las mismas oportu­nidades de ir a la escuela y de acceder a una educación de calidad que el niño que reside en la zona urbana. Esto contribuirá a que, en el mediano plazo, los niños de hoy, puedan superar la situación de pobreza en la que están sumergidos.

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