HAY QUE DESATANIZAR LA TECNOLOGÍA

A todos nos cuesta incorporar una novedad, sobre todo, si plantea una competencia con aquello que hacemos para vivir. Se vivió en el pasado, cuando en medio de la revolución industrial los obreros textiles y las costureras atacaban a martillazos las máquinas que, ingenuamente, creían les quitaban trabajo, cuando en realidad generaron las modernas sociedades de alto desarrollo. Y se vive también hoy, con los avances constantes de la mecanización y la robotización.

El objetivo que se persigue siempre es el mismo: producir más, de mejor calidad y a precios competitivos. El último campo de batalla se da en el servicio de taxis. La aparición en escena de Uber puso en pie de guerra a los prestadores locales que la combatieron de todas las formas posibles. Y aunque no se llegó al grado de agresividad de los taxistas de Buenos Aires –que han formado verdaderos comandos de hostigamiento-, se ha acorralado este sistema apelando a mecanismos legales y administrativos. Si bien Uber ha sido frenado, la campaña no impidió la aparición de una versión local llamada Muv que ya cuenta con miles de adherentes.

El interesado en el servicio incorpora la app a su celular, se registra, documenta sus datos y expresa la forma de pago, incluida billetera electrónica. El sistema le dice cuánto tardará el auto más próximo en ir a recogerlo, costo del viaje y ruta a seguir. Al dejarlo en destino, el chofer le expide al pasajero una factura con su RUC, tal como se hace en las grandes ciudades.

Como todo se hace en forma legal, el sistema no es atacable y lo que está logrando es que la comunidad de taxistas empiece a migrar hacia el nuevo sistema. Al final, nadie sale perjudicado y el usuario, en cambio, es el gran beneficiado. Que es lo que finalmente siempre se busca.

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