INDEFINICIONES QUE AGREGAN INCERTIDUMBRE

Hasta hoy, el limitado medioambiente político no muestra otra preocupación que el “caso HC”, es decir, el problemático juramento de Horacio Cartes como miembro de la Cámara de Senadores. Mientras los dos partidos tradicionales intentan escamotearse mutuamente los votos de la polvareda de parti­ditos emergentes de las últimas elecciones y ven si HC asume su banca o se va a su casa, los asuntos verdaderamente impor­tantes quedan en segundo plano. Los días pasan, el 15 de agosto se acerca y nada sabemos de las intencio­nes del nuevo Gobierno sobre temas gravitantes.

Desde luego, si aún no se sabe quién será el ministro de Hacienda y si el Banco Central seguirá en manos del actual directorio, cómo pedirle a Mario Abdo Benítez y equipo una definición en cuanto a ca­racterísticas de la política monetaria que aplicará, si el país seguirá adscripto a las metas de inflación que rigen actualmente y cómo abordará el espinoso tema de la disciplina fiscal. Este último ítem tiene un gran componente técnico pero otro aún mayor, el político. La ley de responsabilidad fiscal que limita el sobre­giro del PGN a un equiva­lente de no más de 1,5% del Producto Interno Bruto ha sido ignorada más de una vez por el Gobierno salien­te. Y no para emprender obras de infraestructura sino para cubrir los gastos emergentes de los miles de nuevos nombramientos. Tampoco se ve indicio alguno respecto a su posi­ción frente a los emprendi­mientos de gestión público privada, capítulo sometido a una fuerte sobrecarga ideológica. En fin, estamos a ciegas respecto al orden de prioridad que Mario Abdo Benitez otorgará a su ideario-programa y su metodología de abordaje. La falta de definiciones, en estos casos, sólo alarga expectativas que hasta ahora se resuelven en incertidumbres

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