La mediterraneidad como una oportunidad para crecer

Por MCS
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Históricamente Paraguay al ser un país mediterráneo ha encontrado en el comercio con países limítrofes una de las maneras de propiciar el desarrollo de los diferentes sectores económicos del país. Sin embargo, parte importante de este comercio, el fronterizo, desde sus inicios ha tenido un componente de informalidad que se ha expandido a través de los años.

COSTOS DE LA MEDITERRANEIDAD
La condición de mediterraneidad de Paraguay eleva el precio de los productos paraguayos dado un mayor recargo en la formación del precio en concepto de flete. Según la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración), Paraguay es considerado el país en América Latina con los mayores costos de transporte.
Esta posición geográfica constituye una desventaja competitiva para los productos paraguayos. Sin embargo, compartir fronteras con los dos países más grandes de Sudamérica y con el otro país sin litoral marítimo del continente, ofrece oportunidades significativas derivadas del comercio fronterizo.

EL COMERCIO CON PAÍSES LIMÍTROFES
Hasta junio de este año, las exportaciones a los países limítrofes representaron el 61% del valor registrado. Por el lado de las importaciones, las procedentes de los mismos representaron el 34,5% del valor registrado. La menor dependencia en cuanto a las importaciones está explicada por el hecho de que gran parte de las importaciones paraguayas es de origen asiático.
La principal crítica al modelo exportador paraguayo es que importamos productos procesados y exportamos productos primarios sin agregarles valor. Al primer semestre de este año, el 71% del valor de las exportaciones de Paraguay a la Argentina correspondió a productos de origen primario, como soja en grano, mientras que el 81% del valor de las importaciones desde dicho país correspondió a productos con valor agregado, como automóviles, bebidas, productos alimenticios y medicina.
En el mismo periodo, el 82% del valor de los productos exportados por Paraguay al Brasil incluyó al de productos procesados, siendo los principales energía eléctrica y cables para automóviles, esto último exportado bajo el régimen de maquila. Por el lado de las importaciones, el 92% del valor de las compras realizadas a Brasil correspondió a productos con valor agregado, como abonos químicos, automóviles y maquinarias. Con Bolivia tenemos una relación comercial menos dinámica, sin embargo, es el país con que más oportunidades de complementación económica tenemos dado que compartimos la condición de mediterraneidad.

Hasta junio de este año, los productos con valor agregado, como insecticidas y medicamentos, representaron el 88% del valor de las exportaciones paraguayas a este país. Con respecto a las importaciones, el 93% de las mismas correspondió a productos con valor agregado, siendo el gas licuado de petróleo el principal.
Estos datos indican la dinámica existente entre los países limítrofes, que incluye la dinámica entre ciudades fronterizas. Un indicador que capta esta última es el valor de las reexportaciones que hasta junio de este año ascendían a US$ 1.500 Millones y representaban el 23% de las exportaciones totales.
Sin embargo, en el modelo paraguayo, el comercio fronterizo presenta ciertas desventajas: la informalidad y la falta de controles incentivan al contrabando, este a su vez repercute a la producción local, reduce las recaudaciones tributarias y fomenta el empleo informal.
En estas condiciones, el actual modelo comercial de Paraguay, nos llevaría a ser siempre un país re-exportador de productos asiáticos y clima-dependiente, dada nuestra vocación exportadora de productos primarios.
Si bien, con los incentivos fiscales propuestos por Paraguay para captar inversión extranjera se ha logrado una leve mejora en el desarrollo industrial, seguimos siendo los más rezagados de la región en la materia, en consecuencia, la producción y disponibilidad de bienes con valor agregado están limitadas por esta restricción tecnológica. ¿Cómo aprovechar el comercio fronterizo? En este escenario, la mediterraneidad se presenta como una debilidad, el contrabando como una amenaza, la mano de obra joven y trabajadora de nuestro país como una fortaleza y el comercio fronterizo como una oportunidad.
Para lograr que la mediterraneidad sea una fortaleza, los sectores público y privado deberían aunar esfuerzos para buscar estrategias innovadoras y generar condiciones necesarias para reducir los costos de transporte entre los países limítrofes. En segundo lugar, para mitigar la amenaza que representa el contrabando, se deben reducir drásticamente los incentivos para comerciar ilegalmente en las ciudades fronterizas y al mismo tiempo, aplicar castigos ejemplares a los que realizan esta práctica.
En tercer lugar, los empresarios deberían aprovechar la disponibilidad de capital humano joven para realizar proyectos industriales tendientes a mejorar la calidad del producto para salir al exterior y el Estado debería realizar mayores inversiones en la formación de los jóvenes.
En cuarto lugar, el comercio fronterizo constituye una oportunidad única para propiciar el surgimiento de las ciudades fronterizas con bajo desarrollo y para potenciar el de las ya consolidadas. La principal ventaja del comercio fronterizo es su bajo costo de transporte, por lo que desarrollar proyectos industriales o empresariales innovadores en las ciudades fronterizas aumentaría la competitividad de los productos paraguayos, dado que los costos de transporte no serían tan elevados.
De esta manera, la mediterraneidad para nuestro país podría ser considerada una situación geográfica que aprovechar, y no un impedimento para el crecimiento y el desarrollo económico.

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