Un legado forjado a hierro que prevalece con los años

Nathalia Llerena

@LlerenaNathi

Apostar por el arte y vivir de el nunca ha sido tarea fácil, pues cuan esculturas implica modelar y crear mercados, diseñar y proyectar ideas que despierten el interés y promueva mayor valorización a través de trabajos artesanales que reflejen talento, calidad y creatividad. Sin embargo, todo esto es posible y así lo ha demostrado desde décadas atrás la familia Guggiari, cuyo sello artístico lleva su apellido como emblema.
La historia de Guggiari Arte se remonta a la vida artística del escultor don Hermann Guggiari, que desde joven apostó por infundir vida y expresión al hierro a través de esculturas de hierro e infundió esta pasión por la herrería artística a sus hijos.


Ubicada sobre la avenida España casi General Santos, en el actualmente conocido como “El bosque de los artistas”, don Hermann dio alas a su creatividad e ingenio, dando vida a inefables e incomparables obras de arte, en un modesto taller que hasta hoy día es testigo y parte de grandes creaciones.
Con un mercado difícil para el arte, a fin de generar mayores ingresos, también se adentró en la creación de cosas utilitarias (luminarias, arañas, trofeos, recuerdos, verjas, etc.), siempre manteniendo su estilo y con el hierro como materia prima. Con trabajo duro, dedicación y su indiscutible talento se ganó la confianza y el reconocimiento de sus clientes de todo el país y a nivel internacional.
Tiempo durante el cual sus hijos, con la creatividad inserta en las venas, también se fueron involucrando en el oficio. Tanto es así que en el 86 su hijo Javier Guggiari decidió abrir un local con la idea de hacer arte aplicado, es decir cosas utilitarias, pero con diseño propio.
“MÁS QUE ARTISTAS, SOMOS CREADORES”
“Yo veía que a mi papá le gustaba mucho vender arte, la escultura por sobre todo, entonces me decidí por el arte aplicado, ya que todos hacemos nuestros propios diseños. Me atrevo a afirmar que más que artistas, somos creadores”, sostuvo Javier.


“Trabajé allí tres años, luego cerré, trabajé durante 10 años como ingeniero, pero siempre hacía cosas en el taller de mi papá. En ese tiempo mi hermano Sebastián se recibió de arquitecto y abrió “Crearte”, donde elaboraba muebles con diseños propios, por lo que en el 95 dejé la ingeniería y con mi hermano fundamos “Guggiari Arte”. Asimismo, mi hermano Justo abrió “Guggiari Arte Areguá”, continuó.
Javier trabajó mucho tiempo con su hermano hasta que decidió dar vida a su propio local, ubicado sobre la avenida Aviadores del Chaco, que está operativo hace más de 20 años.
ÚNICOS E INNOVADORES
Javier explicó que su trabajo consiste en hacer fuertemente arte aplicado “que es lo que básicamente nos mantiene”, acotó. Sin embargo, también continúan realizando esculturas, monumentos, bustos, solo que no en gran cantidad, puesto que el mercado es más cerrado.
“Competimos con buenos trabajos, exclusivos e innovadores. Realizamos luminarias, trofeos, regalos empresariales, termos, entre otras tantas cosas; además no solo trabajamos con hierro sino también con madera, ñandutí, modelado y vaciado, piedra, etc. Como creadores, nuestra filosofía es hacer realidad la idea o sueño de nuestros clientes”, añadió.


También enfatizó que para vivir del arte, así como para cualquier rubro, el mérito es ser grandes trabajadores, para pesquisar, innovar, ser creativo y estar horas y horas procurando hasta que te salga.
Cabe destacar que, además, de encargarse del diseño, elaboración y comercialización de sus productos, junto a un pequeño equipo de trabajo que incluye a uno de sus hijos, Javier también enseña artes plásticas en la Escuela de Bellas Artes, donde comparte experiencias y conocimientos con jóvenes que también le brindan una visión desde un prisma distinto.
“Tenemos que estar abiertos a recibir los cambios e innovaciones. Tengo muchos clientes jóvenes, con quienes comparto mi bagaje de conocimientos para hacer realidad sus ideas nuevas; y lo mismo con la tecnología e innovaciones, pero siempre manteniendo la esencia de creador.
REFUGIO DEL ARTE
“El bosque de los artistas” de don Hermann era el hogar donde vivía con su familia, hasta que parte del terreno le fue heredado y él lo convirtió en un taller.

 Pero más allá de ser el lugar de origen de sus obras, también fue un espacio para artistas locales, donde en la década de los 70 y por cerca de 25 años se realizaba una gran feria anual de artesanías, que llegó a reunir a 300 expositores, y de la cual surgieron varios artistas y quienes hoy continúan deleitando al mercado a través de creaciones con el sello Guggiari.

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