No tienen idea de lo que hacen

Por Cristian Nielsen

Cualquier empresa privada que operara como lo hace el Congreso nacional, desde el punto de vista administrativo, quebraría en seis meses. O sus directores serían echados sumariamente a la calle por sus accionistas. Pero eso no ocurre en el generoso medioambiente legislativo, cuyo presupuesto es un auténtico bolsillo de payaso en el que cabe todo. Los presidentes de las dos cámaras disponen del dinero público como un botín defendido con uñas y dientes. Se lo reparten como un bien de familia, inventan categorías inexistentes y justifican las “contrataciones” con el viejo e insostenible argumento de que son “cargos de confianza”. Cero racionalidad.

En el Congreso paraguayo hay 31 veces más funcionarios por habitante que en el Parlamento europeo, el cual legisla para 510 millones de ciudadanos eurocomunitarios que hablan 23 idiomas. Para que sea aún más claro: Poder Legislativo paraguayo, 3.302 funcionarios (uno por cada 2.100 habitantes). Parlamento europeo, 7.606 funcionarios (uno por cada 67.000 habitantes). Dos mil de ellos son traductores e intérpretes.

El Congreso paraguayo es una agencia de empleos que acumula antigüedad. Cada nueva camada de “honorables” se instala con su camarilla de parientes, amigos y entenados a la que enchufan para que la mantengan los contribuyentes. Y todavía tienen la desvergüenza de encontrar justificativos para este abuso abominable.

 

También podría gustarte Más del autor