Pobreza: uno de los principales desafíos del nuevo gobierno

POR MCS
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Al próximo gobierno le espera un Paraguay que hace años se mantiene entre los que presentan mejores crecimientos económicos en Latinoamérica, pero en contrapartida también le espera un país en el que 1 de cada 4 paraguayos no logra cubrir una canasta básica de bienes, es decir, es pobre.

Reducir la pobreza constituye sin dudas uno de los principales desafíos que deberá enfrentar, cuya gravedad aumenta con la desigualdad existente.
Esta situación se debe a que si bien el crecimiento es una condición necesaria para el desarrollo, sin las medidas que permitan redistribuir adecuada y equitativamente la riqueza generada mediante la inversión en las personas, el mismo insuficiente para mejorar la calidad de vida de todos.

Entre otras cuestiones, para revertir los números de la pobreza el gobierno deberá mejorar el acceso a la educación de calidad y a la salud, así como garantizar la protección social a los más vulnerables y propiciar el desarrollo local.

LA POBREZA EN NÚMEROS
En Paraguay más de 1.800.000 personas están en situación de pobreza, es decir el 26,4% de la población, el cual según EPH 2017 no incluye a los empleados domésticos sin retiro. Esto significa que estas personas no tienen lo suficiente para cubrir una canasta básica de bienes que cuesta mensualmente Gs.664.297 en el área urbana y Gs.473.601 en el área rural.
De ellas, aproximadamente 302.000 son pobres extremos, es decir, no tienen lo suficiente ni para adquirir los alimentos que necesitan durante el mes. Esta cifra de por sí ya es impactante pero, si consideramos que de la misma forman parte 136.207 personas menores de 14 años, la situación se agrava.
Esta triste realidad también se nota en la pobreza total que afecta en mayor proporción a los niños, 34% de los que tienen entre 0 y 5 años están en situación de pobreza, porcentaje que en el rango de 6 a 14 años de edad es de 37,2%. De esta manera, casi 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes en edad de cursar la educación escolar básica no cuentan con las condiciones mínimas necesarias para su desarrollo.
Vinculada a la pobreza, se encuentra la desigualdad, el 10% más pobre del país tiene un ingreso mensual promedio Gs.242.697 mensuales por persona, mientras que el 10% más rico percibe una cifra 24 veces superior, lo que sin dudas hace que las oportunidades de desarrollo personal sean diferentes.
Los números que muestran que la pobreza es una realidad para muchos, también permiten ver que es un desafío para el gobierno entrante: no es posible lograr el desarrollo de una nación cuando parte importante de su gente no tiene condiciones para vivir dignamente, y peor aún, cuando esa parte incluye a tantos niños, niñas y adolescentes que son la materia prima del país.

LA DESIGUALDAD DENTRO DEL TERRITORIO
Tanto la pobreza como la pobreza extrema se vuelven más intensas en determinados departamentos y distritos. Caazapá lleva años liderando el ranking de pobreza por departamentos: el 46,9% de su población está en situación de pobreza, le siguen Concepción, Caaguazú y San Pedro, cada uno con más del 43% de pobreza en sus respectivos territorios. Solo en estos 4 departamentos más 614.000 personas son pobres.
Por su parte, el departamento Central tiene el 16,1% de su población en pobreza, porcentaje menor al de nivel país, pero que significa más 334.000 personas pobres. Ello refleja su condición de receptor de las migraciones campo ciudad que terminan formando cinturones de pobreza en diferentes asentamientos precarios existentes dentro del mismo.
A nivel distrital, las diferencias son llamativas, por ejemplo, Itakyry y Domingo Martínez de Irala, con el 78,3% y el 76,8% de sus hogares con al menos una Necesidad Básica Insatisfecha – NBI, forman parte de Itapúa, una de las mayores zonas productivas, y coexisten con los distritos más ricos del país como Santa Rita que tiene el 25,4% de sus hogares con al menos una NBI.
En la educación de las personas que viven en los diferentes municipios también se nota la desigualdad: en 120 de los 252 municipios censados en el 2012, la población de 25 y más años tenía en promedio menos de 6 años de estudio, un promedio que en Asunción llega a 11,4 años. Así, aproximadamente en la mitad de los municipios las personas que tienen la edad para generar medios de vida ni siquiera han concluido el segundo ciclo de la educación escolar básica.
Todo esto constituye un círculo vicioso: si los recursos y las oportunidades de desarrollar capacidades son diferentes, los departamentos y municipios se desarrollan de forma desigual y las brechas crecen.

MEDIDAS A CONSIDERAR
Ante las cifras que muestran que la pobreza persiste afectando más a determinados segmentos y territorios que a otros, el nuevo gobierno deberá adoptar medidas que permitan financiar las mejoras necesarias tanto en salud como en educación, y establecer estrategias para crear nuevos empleos y formas de generar ingresos que garanticen que las familias tengan lo mínimo necesario para vivir dignamente y formar a sus hijos e hijas.
Por otro lado, la persistencia de la desigualdad territorial debería llevar a la nueva administración a adoptar políticas focalizadas en el territorio y a buscar el desarrollo local sin perder de vista la estrategia país. Romper con esta desigualdad requiere de estrategias claras así como de la implementación de planes de desarrollo locales, que tengan como fin último mejorar la calidad de vida de los miembros de la comunidad.
Para todo ello, será necesario que el nuevo gobierno desarrolle capacidades para identificar prioridades, coordinar y articular esfuerzos de todos los niveles gubernamentales y con los demás sectores de la sociedad, solo así podrá marcar un rumbo hacia el desarrollo sostenible e inclusivo.

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