Por qué nos va como nos va

Muchos paraguayos se preguntan todavía por qué no se nos toma en serio como República y ésta es una de las razones. Cuando un pueblo jura y se compromete cumplir y hacer cumplir la Constitución, está asumiendo un compromiso sin beneficio de inventario. Los artículos 289 y 290 de la Constitución no dejan lugar a equivocaciones ni a interpretaciones forzadas o impregnadas de perversión política. La frase del comienzo ?tomada de una crónica periodística- revela precisamente esa condición dialécticamente bastarda al informar que ?varios referentes políticos consideran? que se está tomando un camino ilegal para ir en busca de la reelección presidencial, lo cual significa que hay otros ?referentes? que no piensan así, como si pudieran hacerlo. Y esta no es una crítica al periodista, sino todo lo contrario. La crónica revela con claridad meridiana el grado de destrucción institucional en que está hundido el país cuando no somos capaces de respetar siquiera lo que establece, por común acuerdo de todos los ciudadanos, la carta magna que rige nuestra vida como República. O que debiera regir, aclaremos.

Citamos: ?No se utilizará el procedimiento indicado de la enmienda, sino el de la reforma, para aquellas disposiciones que afecten el modo de elección, la composición, la duración de mandatos a las atribuciones de cualesquiera de los poderes del Estado, o las disposiciones de los Capítulos I, II, III y IV del Título II, de la Parte I?, sobre todo, citamos, en lo relativo al derecho a la vida, la libertad y la igualdad de las personas. El artículo 229, ?de la duración del mandato? establece taxativamente: ?El Presidente de la República y el Vicepresidente durarán cinco años improrrogables en el ejercicio de sus funciones? No podrán ser reelectos en ningún caso?. De manera que si se quiere introducir la figura de la reelección, el único camino que establece la Constitución es el de la reforma, procedimiento que tiene su mecanismo claramente expresado y que no deja lugar a dudas, ?consideraciones?, o interpretaciones maliciosas fogoneadas por los infaltables espinazos flexibles de los entornos áulicos.

Violar la Constitución por oportunismo político es pésima carta de presentación como República y como Nación. Hasta bien entrado el siglo XX, esa práctica paraguaya era puramente anecdótica y a nadie en el mundo importaba. Pero en el universo globalizado e hiperconectado de hoy, el más leve desliz institucional es percibido, señalado y penalizado por todos los organismos internacionales de evaluación y convivencia. Así que si insistimos en nuestro estilo troglodita, no nos preguntemos después porqué nos va como nos va.

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