Por qué los jefes no siempre generan los resultados esperados

POR RODRIGO ARTURI 

DIRECTOR DE INITIATIVE

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Las empresas y sus líderes buscan resultados que les permitan siem­pre alcanzar el máximo potencial de desarrollo, para ello, desarrollan múltiples prácticas de negocios que permi­ten fijar un plan de trabajo para lograrlos, sin embargo, la complejidad con la cual muchas veces se desarrollan dichas estra­tegias las terminan anulando automática­mente.

La simplicidad en la manera de gerenciar a las personas, nos invita a pensar en volver a lo básico, es decir; poner el foco en lo que realmente es importante.

Definir el perfil de liderazgo que re­quiera la organización; en la actua­lidad, la falta de líderes capacitados o con el estilo que la organización requiera, “obliga” a incluir a personas que no están plenamente alineadas con la cultura de la empresa y por lo tanto existirá una gran resistencia a hacer las cosas de una manera homo­génea.

Para desarrollar una mentalidad ganadora, los líderes deben inspirar los objetivos a lo­grar a través de una manera de trabajar con un estilo propio, definir los valores con los cuales se quiere trabajar y una visión muy clara de a dónde queremos llegar. Hay em­presas que han llegado a ser muy grandes por el Gran Hecho de definir claramente la visión de una manera breve, práctica, re­cordable y por sobre todo con significado.

Cabe destacar que la visión de la empresa es el marco rector para la toma de decisio­nes y por lo tanto, permite construir las organizaciones en el largo plazo, un equipo de líderes con un estilo propio de trabajo permitirá construir una cultura orientada a resultados creando una fuerte ventaja competitiva altamente sustentable para la empresa.

Los sistemas tienden a autodestruirse, por lo tanto, es responsabilidad de los líderes modernos de construir una atmosfera de trabajo en la cual la calidad esté asegurada a través de los procesos correctamente di­señados. En una época en la cual la calidad ha pasado a ser un comodity, las organi­zaciones deben fortalecer, más allá de las normas escritas, un ambiente de confianza en el desarrollo de las actividades según lo que ha definido la empresa.

Establecer claramente cómo la estrategia se llevará a la acción. Es más común de lo que imaginamos que las empresas tengan muy buenas estrategias en lo conceptual, no obstante, al ser tan difícil llevarlas a la práctica por las deficiencias de recursos en la organización, la no comprensión en la manera de implementarlas o la ausencias de un marco de decisiones en el cual cada persona se responsabilice por las decisio­nes que toma en el impacto de las mismas como parte del proceso de generación de delegación y formación de futuros líderes.

Muchas empresas están con la posibilidad de generar grandes ahorros a través de una operación que busque optimizar la estruc­tura a través de procesos más eficaces y estructuras de trabajo más flexibles a los nuevos entornos laborales. La ausencia de foco en los detalles de la operación pueden provocar organizaciones con niveles de eficiencia menores a los que podrían tener, por el sólo hecho de no establecer un mar­co de decisiones y enfoque a los resultados económicos en todas las áreas de la organi­zación a través de exhaustivos indicadores de gestión en cada etapa del proceso.

La formación continua como pilar funda­mental de desarrollo, las organizaciones que no se capacitan no progresan. Los cam­bios vienen a través de la reflexión y com­prensión de las tendencias en el mercado.

Empresas que comprenden el insight de sus consumidores y que entrenan perma­nentemente en predecir los comportamientos de compra de ellos son las empresas que triunfan. Conocer nuevos métodos de hacer las cosas, de liderar a los equipos de trabajo es lo que transforma a los líderes en personas capaces de transformar una cultura de trabajo orientada a resultados exponenciales.

Finalmente, construir una imagen alinea­da con la identidad para logra ser creíble por las personas en los ámbitos de clientes, stackholders y colaboradores. La identidad como definición de lo que queremos ser, debe construirse a través de una estrategia que permita consolidar en los ámbitos de acción la imagen de la empresa, de esta ma­nera se logra la reputación y por lo tanto se suma un activo estratégico a este balance de intangibles claves para el desarrollo de las organizaciones.

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