Seis enseñanzas que podemos aprender de nuestros hijos

STEPHANIE HOECKLE - DIRECTORA OUIOUI - [email protected]

Se acaban las vacaciones, vuelven las clases, todos regresamos a la rutina y con ello también retomamos el ritmo ajetreado del día a día, que muchas veces nos hace pasar por alto detalles sutiles de nuestros hijos. En lo personal, compartir tiempo con mis hijos durante este breve receso, me permitió descubrir una serie de aprendizajes de la vida cotidiana de nuestra familia. En este articulo, quiero compartir contigo las enseñanzas que me dejaron e invitarte a pensar en aquellas que te han dejado a vos tus chicos, ya que si aplicarámos algunas de ellas, podríamos darle un toque de frescura a la manera que tenemos de hacer las cosas, incluso en el trabajo.

 

  1. Sorprendernos con las pequeñas cosas

Puede sonar trillado, porque lo leímos un montón de veces en distintos libros y mensajitos de WhatsApp, pero no por eso es menos cierto. A menudo me encuentro apurando a mi hija, quien suele distraerse con facilidad observando un insecto de colores, cortando flores del jardín para la mesita de luz o deleitándose con un sencillo bizcochuelo de naranja que ella come como si fuera lo más rico del planeta. Yes esa habilidad para disfrutar de las pequeñas cosas (el paisaje, los sonidos, los sabores, los colores…) la que nos ayuda a desarrollar la creatividad, apreciar lo que nos rodea día a día y aprender a ser felices con poco.

  1. Ser curiosos

Interesarnos por el mundo que nos rodea nos permite aprender. Mientras más preguntamos, buscamos y hurgamos, más conocedores nos volvemos. Aprendemos acerca de cómo funcionan las cosas, las personas, las emociones, y por qué no… hasta sobre nosotros mismos. Este verano, inventamos un juego nuevo en casa. Durante la cena, cada uno debía adivinar algo que no sabía del otro. Así conocí nuevas historias de mis hijos y también compartí con ellos las mías. Fue una manera divertida de conocernos mejor y también un llamado a interesarme en conocer mejor a las personas que me rodean.

  1. Ser solidarios

Si hay algo en lo que los chicos nos dan una lección magistral es en ser solidarios:

desde ponerse de acuerdo para alguna travesura y guardar el secreto de quién fue el autor moral una vez que los atrapan, hasta ponerse en el lugar del que necesita para ayudarlo. Recuerdo que mi hijo mayor me preguntó una vez por una persona grande que dormía en la calle. De alguna manera me habíaacostumbrado a verlo, y le dije que siempre estaba ahí. Se conmovió mucho y me pidió que busquemos ropa y comida para ayudarlo. Fue cuando me hizo pensar que no volvemos indiferentes a las necesidades de otros. Busquemos también los adultos esa alma solidaria en nuestro interior e intentemos ayudar con la simpleza de un niño: sin esperar nada a cambio.

  1. Ser ingeniosos

El ingenio es clave para reinventarnos, para conseguir cosas que parecen imposibles, para destacarnos y hasta para encontrarle el lado bueno aún a lo difícil. Si hay un rasgo común entre los niños es el ingenio, esa habilidad para lograr salirse con la suya, para hacer cosas que los padres no entendemos cómo y para inventar nuevos juegos. El ingenio llevó a Thomas Edison, Albert Einstein, Steve Jobs y otros grandes a desarrollar sus ideas. Alentémonos —y también a nuestros hijos— a seguir desarrollando esa característica que nos hace diferentes.

  1. Ser espontáneos

¡Cuántas veces nos pasó que alguno de nuestros hijos nos dejó al descubierto! Como cuando decimos que no estamos, pero sí estamos; o cuando algo no nos gusta, pero decimos que sí nos gusta. Ellos son espontáneos, dicen lo que piensan, hacen lo que sienten y eso se traduce en felicidad y alegría. Si bien al ser mayores debemos ser más cautos, políticamente correctos y aprender a pensar antes de actuar, no nos vendría mal practicar la espontaneidad, entendida como esa virtud de ser transparentes y de no fingir algo que uno no es. Cuando no tenemos segundas intenciones, generamos confianza en los demás y ayudamos a que ellos también se expresen con sinceridad.

  1. Demostrar nuestros afectos

Cada vez que estoy con mi hija siento que llevo otro yo a cuestas. Me abraza, se cuelga de mis brazos, me toma las manos, se sienta pegadita a mí… a menudo le reclamo que está todo el tiempo encima mío, pero ahora me doy cuenta de lo afortunada y bendecida que soy de tener a alguien que me quiera tanto y que busque estar lo más cerca de mí que le sea posible. Los niños tienen eso, esa confianza en ellos mismos para demostrar lo que sienten, con gestos, palabras y pequeñas acciones. Ellos no lo piensan dos veces ni reprimen sus ganas de dar afecto. Qué lindo sería que nosotros también pudiéramos demostrar lo mucho que nos importan nuestros seres queridos, sin el miedo a no ser correspondidos o a mostrar nuestro lado débil. Cuánta paz nos daría volver a ser un poco niños en la vida.

¡Gracias a mis hijos por todas estas enseñanzas!

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