Solo se equivoca quien trabaja

Hace unos días, luego de una jornada laboral muy intensa, de regreso a casa, entré a una de esas farmacias amplias, bien iluminadas y decoradas, que huelen rico y son atendidas por gente linda y solícita, para comprar algo para calmar un persistente dolor de cabeza. Además del analgésico, decidí aprovechar y comprarme también uno de esos geles de ducha relajantes, una mascarilla para el rostro y algunas cositas más para devolverme la calma que había perdido por cuestiones que ocurrieron en la oficina. Mientras esperaba en la fila de la caja, empecé a recorrer con la mirada el lugar donde estratégicamente colocan las golosinas (siempre pensé que los que organizan los mostradores de las farmacias saben perfectamente que, a veces, todo lo que necesitamos es algo rico y dulce para sentirnos mejor). De repente, me llamó la atención un cuadro que colgaba en la pared detrás del muchacho que atendía la caja. Era solo una frase en letras blancas impresas en un fondo azul profundo que decía: «El único que no se equivoca es el que nunca hace nada.» Goethe.

PERDONARSE

Salí de la farmacia casi curada. Aquella sencilla y lógica reflexión era lo que necesitaba oír a esa hora para reconciliarme definitivamente conmigo misma. Ya no necesitaba ni analgésicos ni baños calientes. Cuando una persona trabaja arduamente, con interés, con objetivos ambiciosos, con placer y, al mismo tiempo, con la responsabilidad de liderar un equipo de gente, muchas veces cree que no puede permitirse el lujo de equivocarse. Sin embargo, el error no es un privilegio de los irresponsables: por el contrario, lo comete más frecuentemente aquella persona que está constantemente haciendo algo.
En un ambiente personal, familiar, es normal cometer errores y pedir inmediatamente disculpas para restablecer la calma y las buenas relaciones. Es necesario practicar lo mismo en un ambiente laboral, aún si nos toca llevar el gerenciamiento o la dirección de un departamento o de toda una empresa. Perdonarse los errores en el trabajo, como en la vida privada, es un paso necesario para superar un mal momento y seguir adelante.
SOLUCIONAR

Cuando las papas queman, hay que retirarlas inmediatamente del horno, para rescatar lo poco que quede de comestible o reemplazarlas por otras nuevas que puedan estar cocidas en el menor tiempo posible. Por eso, tal vez, antes del paso de perdonarnos, deberíamos dar el de solucionar el problema que generó el error que cometimos.
A nuestros clientes no podemos hacerles esperar ni abrumarles con excusas. Más allá de quién haya tenido «la culpa» de una falla en el trabajo, lo importante es enmendar el error inmediatamente, asumir –si es el caso– los costes y entregar la tarea en tiempo y forma para cumplir con el cliente o con quienes estén pendientes de nuestra parte del trabajo (en el caso de proyectos más complejos, que involucran a varios departamentos de la empresa o a otras compañías). Después de ofrecer la solución, podremos volver la mirada a lo que hicimos mal y perdonarnos.

APRENDER

Los mejores aprendizajes en mi vida profesional los he experimentado en tiempos de crisis, es decir, después de que algo no hubiese salido como se esperaba, por error propio o de mi equipo.
Esto no es de extrañar, pues cuando debemos cumplir con el cliente, llenar sus expectativas para no perderlo, nuestra inteligencia y fuerzas físicas parecen recibir un estímulo extraordinario. Y cuando comprobamos que la solución funciona, ya se puede convertir en un procedimiento habitual.
Una buena práctica, en las empresas, es reunir al equipo de trabajo luego de una crisis, para conversar sobre lo que pasó, los imprevistos que se presentaron, la manera en que se solucionaron, el tiempo que llevó, etcétera. No será una reunión para buscar culpables sino para dejar documentada la solución.

PROSEGUIR

A nivel de relaciones personales hay muchas posibilidades luego de una crisis. Desde prolongar un enojo, meterse en un juego de tira y afloja, hasta reconciliarse o romper. En la empresa, es impensable abandonar un proyecto solo por un error. El aprendizaje y seguir adelante son imperativos. Esto no quiere decir que debemos constantemente, irresponsablemente, justificar nuestras equivocaciones. Ya lo dice el refrán de Benjamin Franklin, «La energía y la persistencia conquistan todas las cosas». La próxima vez que vaya a la farmacia, les sugeriré enmarcar también este pensamiento.

También podría gustarte Más del autor