Tomemos clases de felicidad

STEPHANIE HOECKLE
Directora Oui Oui
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Con tan solo leer esta noticia se me dibujó una sonrisa: En Nueva Delhi, India, los niños que van a la escuela acaban de estrenar sus clases de felicidad. Sí, ¡felicidad! A primera hora, todos los días, la consigna es dejar de lado los libros y aprender a sentirse bien con uno mismo, escuchando historias inspiradoras y realizando actividades con los maestros, como ejercicios de meditación y terapias de la risa.

La iniciativa tiende a promover el bienestar de los alumnos, ya que el sistema educativo en la India es muy rígido, lo que ha ayudado a desarrollar una nueva clase media en treinta décadas, pero también ha traído consecuencias negativas: las tasas de estrés y suicidio estudiantiles van en aumento. Lo que reprodujo la prensa de una entrevista realizada a Aayush Jha, del séptimo grado, luego de salir de su primera clase de felicidad, en el este de Delhi, da cuenta de la importancia que un niño de tan solo 11 años ya le da al hecho de sentirse bien: “Deberíamos trabajar felizmente… Cuando trabajas tristemente, tu trabajo no será bueno”.
Así que bien podríamos tomar las palabras de Aayush como inspiradoras. Estamos lejos de India y ya no somos niños para apuntarnos en sus clases de felicidad, pero todavía hay tiempo para aprender qué actitudes y pensamientos pueden contribuir a que nuestra vida personal y profesional sea más fecunda (felicidad viene del latín felix felicis, que significa fértil, fecundo). En ese camino, hoy te propongo algunas reflexiones.

EMPEZAR POR NOSOTRAS MISMAS

Es cierto que a veces las circunstancias no ayudan y que en el caso del trabajo es difícil sentirse a gusto cuando nos toca un mal jefe, una empresa que no valora a sus colaboradores o compañeros tóxicos, pero no podemos dejar la responsabilidad de nuestro bienestar en manos de los demás. Aunque muchas empresas hoy entienden que un trabajador feliz es más eficiente, comprometido y estable, por lo que se preocupan por brindar beneficios, un ambiente armónico y mejoras, cada persona entiende la felicidad de manera diferente y no siempre es posible llenar las expectativas de todos. ¿Qué es para mí la felicidad? ¿Qué cosas buenas me han dado mi profesión y mi trabajo? ¿Qué me haría sentir mejor?
Es importante visualizar dónde estamos, qué logramos y para dónde vamos, sin necesidad de concentrar nuestra felicidad solo en el futuro. Tengo una amiga, por ejemplo, que tiene la costumbre de anotar en su agenda las cosas que le hacen bien día a día, porque asegura que eso contribuye a su bienestar. Cuando me lo contó, yo pensaba que anotaba grandes logros, sin embargo son acciones cotidianas: ayudar a alguien, encontrar un tiempo para ella misma, recibir un elogio de un cliente o abstenerse de criticar a una compañera frente a los demás. La sumatoria de esas pequeñas cosas repercuten en ese estado que ella llama felicidad.

CON MENOS ANGUSTIAS

En mi trabajo, ¿qué es lo que hago por obligación y qué es lo que hago con gusto? Es cierto que no siempre todas las tareas que nos corresponden son de nuestro agrado, pero empecemos por las que nos cuestan más para liberarnos y seguir con las que de verdad nos motivan. Y cuando hablamos de obligaciones también hay que pensar en todo lo que muchas veces hacemos solo para agradar a los demás o para brindar una imagen que dista de lo que realmente somos. Creo que somos más felices cuando no nos traicionamos en nuestra esencia, en nuestra manera de ser. Adaptarse es necesario, pero exagerarlo no hace bien. Cargarse de problemas, quejas, miedos y angustias es
otro punto en contra. No en vano suelen decir que en la vida hay que ir con una mochila ligera de carga, dejando de lado todo eso que nos hace mal y que no podemos resolver. A la vez, es importante saber con quiénes queremos recorrer ese camino, al final de cuentas ¿para qué involucrarnos con gente que no nos hace feliz?

AQUÍ Y AHORA

“Todo tiempo pasado fue mejor” es la frase preferida de muchas personas que en la oficina viven recordando lo felices que eran en otras épocas y con otras condiciones laborales que hoy ya no se dan. Esa atadura al pasado les impide muchas veces aceptar los cambios que se presentan y aprovecharlos. Por eso viven preocupadas, inconformes. En la misma senda están los que proyectan todo el tiempo su felicidad hacia el futuro: “cuando logre ese puesto”, “si me dieran el aumento salarial”, “si no tuviera este jefe”. Ser feliz es una decisión que se toma aquí y ahora, en el presente, con los avances y las limitaciones que experimentamos, con nuestros méritos y defectos. En la medida que veamos una oportunidad de aprendizaje en lo que nos suceda, cuando confiemos en nosotras mismas y en la vida, estaremos más cerca de aprobar esa materia tan compleja que en la India ahora es objeto de estudio: la felicidad.

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