TRANSPARENCIA QUE DISGUSTA A LOS CAMIONEROS

Son incontables los anuncios del Gobierno que se va –y también de los anteriores- en torno a la adopción del denominado “billetaje electrónico” en el transporte público de pasajeros, en especial, el que sirve al conurbano asunceno que es donde está el bocado más grande para los camioneros, mal llamados “empresarios del transporte público”.

La demora en adoptar el sistema habla a los gritos de las presiones que los camioneros ejercen sobre los organismos competentes para congelar y, de ser posible, cancelar la puesta en práctica de esta modalidad de cobro del pasaje la cual, vale la pena recalcarlo, está en vigencia en prácticamente todo el mundo. Menos en el Paraguay en donde, como se sabe, tenemos la verdad en todo.

¿Por qué se resiste este mecanismo que no sólo ordenaría el sector sino que además facilitaría la vida a centenares de miles de usuarios? Veamos algunas de sus ventajas.

Habilitar las tarjetas de usuarios y colocar sensores en cada unidad del transporte permitiría saber la demanda real sobre el servicio por cantidad de pasajeros según horas pico, mesetas y depresiones. Se documentaría la cantidad de kilómetros recorridos por cada unidad, el personal empleado y el parque real puesto en servicio por los licenciatarios.

Todo el sistema sería monitoreado por GPS (posición global satelital), en tiempo real y con resultados al final de cada jornada. Con este método se acaba el “más o menos” con el que hoy los camioneros “calculan” sus costos operativos y plantean el aumento de la tarifa, además de ser un insumo imprescindible para estudiar cualquier subsidio que se quiera aplicar. Pero claro, adoptar el billetaje electrónico acaba con las maniobras y transparenta el servicio. Algo que a los camioneros no les gusta.

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