Un nuevo lujo: el silencio

 Aunque no siempre lo reconoz­camos, muchas personas evita­mos los momentos de silencio, huimos despavoridos de lo que la calma puede traer consigo y sin darnos cuenta cargamos nuestras agendas con reuniones y actividades que ocupan la totalidad de nuestro día. La ausencia de sonido puede llegar a ser inquietante y nos sentimos obligados a encender la ra­dio en el auto para pasar los interminables minutos en el tráfico o a prender el tele­visor al llegar a casa incapaces de superar el miedo a estar solos, en contacto con nuestra voz interior. Pero, ¿qué pasaría si nos animáramos a enfrentar el temor que trae consigo el silencio y nos dedicáramos a buscarlo intencionalmente?

Muchos de nosotros vivimos en modo au­tomático, realizando actividades casi sin pensarlas o disfrutarlas, incluso nuestras mentes están llenas de ruido aún cuando nos disponemos a dormir o descansar. Se nos hace difícil encontrar una pausa en nuestros pensamientos, pues estamos lle­nos de preocupaciones, de cosas pendien­tes, de miedos acerca de lo que pasará y de reproches por lo que dejamos de hacer. La mayoría de las veces estamos físicamente presentes, pero nuestra atención se en­cuentra en otro lugar y así pasa la vida, sin que nos percatemos de lo que perdimos.

Vivimos embotellados en el estrés, ja­deando de un lugar a otro, pendientes siempre del WhatsApp y del celular, en un mundo en el que nos cuesta res­pirar. Por eso, no es casual que cada vez encontremos más artículos en los medios y mensajes en las redes socia­les que nos invitan a bajar un cambio en este ritmo frenético que nos está dejando sin aliento, para recuperar el disfrute de la vida y de las cosas sim­ples, encontrar esos momentos de relajación y regalarnos, en definitiva, un poco de tiempo para nosotros.

Dicen que el silencio es el nuevo lujo, un lujo en el que se centran corrientes y pro­cesos como el mindfullness y el coaching ontológico, divulgando la necesidad de concentrarnos con este instante, con el aquí y ahora, con lo que sentimos, con nuestra respiración, con lo que nos pide nuestro cuerpo, con lo que queremos para nuestras vidas. Además, el silencio nos permite pasar tiempo con nosotros mismos y crear espacios para reflexionar y conectarnos con nuestras emociones. El silencio nos ayuda a desacelerar y a reconocer qué nos sucede internamente, en vez de estar respondiendo de manera automática a estímulos externos. Nos ofrece, además, un descanso del constan­te flujo de información típico de la vida moderna.

PARA EL TRABAJO

Los espacios de silencio nos brindan muchísimos beneficios físicos y menta­les. En el trabajo pueden convertirse en estrategias para lograr una mayor pro­ductividad, concentrarnos sin distrac­ción, mejorar nuestro relacionamiento y, sobre todo, encontrar lo que nos hace sentir bien. Estudios demostraron que la práctica de la meditación regular tiene múltiples impactos positivos: nos otorga capacidad para retener información a corto plazo o recordar instrucciones con mayor facilidad, reduce la fatiga, potencia nuestras habilidades, mejora la atención, incrementa nuestro filtro verbal (la ca­pacidad de cuidar nuestros comentarios para evitar agredir o hacer daño a los de­más) y nos ayuda a regular las emociones.

Enfrentarse al silencio no es fácil y encon­trarlo tampoco, mucho menos en medio de la vida hiperconectada que llevamos. Sin embargo vale la pena intentarlo, iden­tificando momentos a lo largo del día en los que podemos integrar el silencio.

Una excelente oportunidad para practicar es al despertarnos por la mañana. Y para eso solo bastan quince minutos. Incluso, si necesitamos una mano mientras va­mos aprendiendo a concentrarnos pode­mos recurrir a las decenas de apps que invitan a relajarse y a meditar en sesiones guiadas de dos a veinte minutos. Una de mis preferidas y la que utilizo es Calm, disponible para Android, Iphone y tam­bién en la web.

Para quienes trabajamos, otra opción de desconexión es dejar nuestros teléfonos por un rato para contemplar la vista desde la ventana, tomar un café a solas o dar un pequeño paseo. Podríamos sorprender­nos de la cantidad de cosas nuevas que pueden llamar nuestra atención.

Como decía el filósofo Alan Watts: “Si mi felicidad en este momento consiste prin­cipalmente en revisar recuerdos y expec­tativas felices, solo soy vagamente cons­ciente de este presente y seguiré teniendo esa vaga conciencia del presente cuando ocurran las cosas buenas que he estado esperando, pues me habré formado el há­bito de mirar atrás y adelante, haciendo así que me resulte más difícil atender el aquí y el ahora. Entonces, si mi conciencia del futuro y del pasado me hace menos consciente del presente, debo empezar a preguntarme si estoy viviendo de ver­dad en el mundo real”. ¿Nos animamos a buscar nuestra felicidad en este lugar y en este momento? Con menos ruido y más silencio daremos los primeros pasos.

También podría gustarte Más del autor