Ayuda económica a nuestros hijos ¿Acierto o error?

Juan Carlos Zárate Lázaro

Muchos matrimonios pensamos que cuando nuestros hijos superen los 23/24 años ya no representarían un peso financiero importante para nuestra economía familiar, pues suponemos que ya tendrían la posibilidad de conseguir un empleo que les permitiría costearse una parte de sus gastos personales.
No es fácil, pues depende de la carrera universitaria que han elegido. Si han estudiado administración de empresas, economía, ingeniería comercial, marketing, comercio internacional, por citar algunas, es probable que llegado a dicha edad puedan mostrar una mayor independencia en sus gastos.
Sin embargo no ocurre si optaron por otras carreras que les imposibilitan trabajar hasta después de recibido como medicina, odontología, ingeniería, arquitectura, entre otros.
Muchos precisan realizar alguna especialización, sea en nuestro país o en el exterior, lo que no les permitiría lograr potencialmente una independencia económica, continúan viviendo con sus padres, pues su nivel salarial es aún insuficiente para decir: ahora ya puedo independizarme económicamente.
Debemos ser conscientes de que en la actualidad se viven circunstancias económicas y sociales totalmente distintas de las de antes.
A partir de la década del 90 muchas cosas cambiaron, obligando a los jóvenes a tener que recurrir a sus padres, parientes, etc. para poder financiar sus estudios universitarios.
*La era del consumismo:
En la era del consumismo en que vivimos, nuestros hijos jóvenes, tan pronto logran conseguirse un empleo, las instituciones financieras comienzan a ofrecerles innumerables productos, especialmente tarjetas de crédito o préstamos personales, telefonía móvil, internet, etc., empeorando muchas veces su situación económica, si no es ordenado siendo nuevamente los padres quienes actuamos de “salvadores” de los mismos.
No hay duda de que queremos ayudarlos hasta donde nuestras posibilidades económicas nos permitan, privándonos incluso de muchos deseos con tal de que ellos puedan seguir sus estudios universitarios y obtener un titulo académico que le permita ser útil en la vida.
Muchas de las causas son ajenas a los protagonistas, pues sus niveles de ingresos no les alcanzan para pagarse todos sus gastos, y más aun si por ahí deciden ir a vivir solos.
* Preparados para enfrentar la vida:
Reconozcamos que uno de los problemas centrales de muchos de nuestros jóvenes es que desarrollan un fuerte deseo de bienes de consumo y tienen la mentalidad de “querer todo ya” sin hacer un autoanálisis si están preparados para enfrentarlo.
Cuando culminan sus estudios universitarios ya piensan en la casa propia, en casarse, sin resignar a ninguna comodidad ni el nivel de vida al que están acostumbrados pero en contrapartida la mayoría sigue permaneciendo en la casa paterna el tiempo que sea necesario pues posponer la independencia económica no es un problema sino una solución.
El dicho que dice: “La primera generación hace el dinero, la segunda lo administra y la tercera lo gasta” no está muy alejado de la realidad, pues los padres tanto de clase media y alta, solemos cometer algunos errores comunes en la educación para que puedan lograr la independencia y la autonomía.
Haciendo una autorreflexión muchos de nosotros, padres de familia, solemos decir”, quiero que mi hijo tenga todo lo que yo no pude tener cuando era chico” o “como voy a vivir cómodamente mientras mi hijo tiene dificultades para llegar a fin de mes”.
*Impulsarlos y estimularlos a que se capaciten:
Sin embargo, tenemos la obligación de impulsarlos y estimularlos para que estudien y se capaciten, aprendiendo que nada se obtiene mágicamente sino a través de la dedicación y la perseverancia.
No está por demás que como padres nos preguntemos cada vez que les damos dinero a nuestros hijos si dándoselos acelerara el camino hacia su independencia o le estamos prolongando la dependencia económica.
Si estamos al frente de nuestra empresa familiar es recomendable que le podamos involucrar a nuestros hijos dentro de las mismas, pues muchas veces los padres por sobreprotegerlos decimos: no que siga estudiando nomás, es mejor.
Craso error: acuérdense que los mismos serán a futuro los continuadores naturales de la misma, y cuanto más temprano fomentamos en ellos el amor al trabajo, pues será mucho mejor.

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