Celebrando el final de cada etapa por la alegría que esperamos en la que vendrá

Kelo Kriscovich

Gerente Jobs

“Y sí, cumplió los requisitos de edad y aporte para jubilarse, ya está tramitando la jubilación y lo que queremos es después volver a contratarlo… es una persona que contribuyó muchísimo a nuestra empresa y, además, nos va a costar mucho formar a alguien que pueda reemplazarlo…” En el contexto económico que vive nuestro país y con un bono demográfico que incorpora una importante cantidad de jóvenes trabajadores cada año, las organizaciones maduras “afrontarán” cada vez con más frecuencia el desafío de “dejar ir” a sus jubilados.

Este desafío es compartido con el trabajador mayor que llega a este ansiado momento de su vida con los mismos sentimientos encontrados del estudiante que celebra su “último primer día de clase”… sabe que es el último día, que ha llegado a la meta de una carrera iniciada hace años, que llegar le ha costado mucho esfuerzo, pero le angustia la incertidumbre de lo que será ese nuevo camino que comienza… como dicen los discursos de graduación “este es el final de una etapa y el comienzo de otra aún más importante…’’.
El desafío es el sostener el entusiasmo hacia la siguiente etapa, ser optimista con respecto al nuevo rol y trabajar en él para aceptar ese nuevo día que se nos regala y destacarnos ocupando un nuevo espacio… he sido un excelente hijo, ahora seré un excelente esposo, mañana un padre extraordinario, después un feliz abuelo… acepto el proceso natural y celebro las etapas sabiendo que cada cambio significa una crisis, un reacomodo para la nueva posición.
La empresa ha invertido demasiado en sus jugadores y desconfía a veces de su propia capacidad para desarrollar nuevos. El proceso de sucesión implica el duro trabajo de escoger, capacitar y sostener las expectativas de las nuevas generaciones, cocreando con los trabajadores más experimentados un entorno de alto desempeño que reconozca los objetivos organizacionales por encima de los personales, pero al mismo tiempo los alinee a la realidad de cada uno. No se trata entonces de que el trabajador se “resigne” a jubilarse sino que él mismo ansíe llegar a ese momento, lo exija y deje con alegría la empresa en la que tanto trabajó para caminar hacia un nuevo horizonte de reinserción social, a la familia, a la academia, a la comunidad para cumplir un rol útil y acorde con sus posibilidades y expectativas.
La sociedad debe establecer nuevos espacios para acoger a estos trabajadores maduros. Los adelantos tecnológicos y los esfuerzos individuales hoy nos ofrecen lúcidos, experimentados y muy saludables abuelos con setenta y más años de edad que tienen mucho que aportar y a quienes sería un desperdicio considerarlos únicamente como actores pasivos. El desafío importante es el de asegurar que ese espacio sea realmente nuevo y que no sea un simple “volver a contratarlos”, ya que esta política estaría bloqueando el espacio a las nuevas generaciones, que tanta energía nuevas ideas y progreso traen a la organización.
Confiemos en que la humanidad seguirá proveyendo en cada generación mentes tanto o más lúcidas. Pintemos con optimismo estos momentos de transición, hagamos que el trabajador maduro se sienta honrado, feliz y optimista al “entregar la posta” y pensemos que el mantener el “status quo” y eternamente a la misma persona en la misma posición ha comprobado ser una fórmula muy poco efectiva para el fortalecimiento de las organizaciones.
Que el estudiante desee cambiar la celebración de su “último primer día” por una propuesta de prolongar la escuela secundaria por unos años más nos daría la pauta de su incapacidad para proyectar los éxitos que le depara su próxima etapa. Que la empresa y el trabajador acepten las recontrataciones de los jubilados para su misma posición nos dice poco sobre las iniciativas de innovación y desarrollo de la organización y de la persona, así como que el Presidente de la República insista en su reelección para el mismo cargo nos hace sospechar que no le hemos sabido transmitir la gran expectativa que tenemos por verlo completar su presidencia en el año 2018 con todos los honores para que luego asuma otro rol diferente, en el que todavía tiene mucho que dar y en el que volverá a destacarse.
Parece que no hace falta cambiar las reglas de juego, lo que hace falta es trabajar con ahínco en la tarea que hoy tenemos y entrenarnos para celebrar y reconocer con confianza, optimismo y alegría el final de cada ciclo y los desafíos del que vendrá.

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