¿Cambiamos el modelo de economía?

Hasta tanto se produzca en el Paraguay un drástico cambio en el modelo económico vigente, la creación de riqueza seguirá basándose en el aprovechamiento de los recursos naturales. La producción primaria con diversos grados de transformación continuará integrando la mayor parte del Producto Interno Bruto, que en el caso del Paraguay llega al 20% (Banco Mundial, informe 2016) mientras que la media mundial apenas roza el 4%. Este hecho objetivo marca la importancia que el sector primario tiene y seguirá teniendo en la economía paraguaya.
Respecto a la distribución geográfica de la producción primaria, el país tiene dos regiones claramente diferenciadas. Por un lado la Oriental, que concentra el 97% de la población en el 39% del territorio. En ella se desarrolla la casi totalidad de la agricultura a escala y el 60% de la ganadería.

¿Es sostenible el modelo vigente? No en el tiempo, a menos que lo suceda otro en el cual se ponga límites a la conversión de bosques nativos en tierras de uso agropecuario. Pero mientras tanto, el marco legal autoriza a operar de esta forma de manera que resultan desproporcionadas las imputaciones que frecuentemente se hacen al país.

La región Oriental, mientras tanto, tiene muy poca agricultura pero alberga el restante 40% de la producción ganadera, casi toda destinada a la exportación. Ambas regiones están sometidas a legislaciones ambientales específicas. En la Oriental, rige hasta 2018 la ley 2524 conocida como “de deforestación cero”. Esto quiere decir que en ella no es posible cambiar el uso del suelo –deforestar para fines agrícolas o ganaderos- aunque sí permite la extracción selectiva y bajo licencia de la Secretaría del Ambiente (SEAM), de árboles maduros con algún valor comercial. En la región Occidental, en cambio, se aplica la resolución 1136 del Instituto Forestal Nacional (Infona) que sí permite el cambio de uso del suelo pero dejando intocado un 25% de reserva forestal. Como resultado de ese cambio de uso del suelo chaqueño –frecuentemente descrito como deforestación- se genera una considerable cantidad de madera de variada utilidad. Parte de ella es convertida en postes de alambrado, bretes y otras instalaciones de uso pecuario. Otra parte se comercializa como leña y el resto es destinado a carbón de uso local o con fines de exportación. Según datos del sector maderero, la SEAM ha concedido licencias para cambio de uso de suelo sobre unas 290.000 hectáreas, de manera que es fácil imaginar la cantidad de madera resultante, aunque las mismas fuentes sostienen que sólo el 8% de esa masa forestal es procesada como carbón.
¿Es sostenible este modelo? No en el tiempo, a menos que lo suceda otro en el cual se ponga límites a la conversión de bosques nativos en tierras de uso agropecuario. Pero mientras tanto, el marco legal autoriza a operar de esta forma, de manera que resultan injustas y desproporcionadas las imputaciones que frecuentemente se hacen al país desde ciertas organizaciones internacionales inclinadas más bien hacia un ambientalismo extremo y de fuerte carga ideológica, que hacia una legítima preocupación por la preservación de los recursos naturales.
Si una lección útil podemos extraer de estos episodios recurrentes es que aún no hemos debatido seriamente el cambio de modelo económico, aunque más no sea a nivel de laboratorio. Pero el tiempo se nos termina y nada hacemos para aprovecharlo.

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