Neonazis avanzan en Alemania

La irrupción de un partido de extrema derecha en las elecciones de Alemania de este domingo 24, ganadas por la alianza CDU-CSU de Ángela Merkel, ha sorprendido al mundo pero no a los alemanes, acostumbrados a avatares electorales de todo tipo. Históricamente, los teutones han pasado del absolutismo monárquico a la tiranía nazi para aterrizar en la democracia republicana. La aparición de Alternativa para Alemania (AFD) como tercera fuerza está obligando a los politólogos a tomar distancia de la ecuación “extrema derecha-extrema izquierda” y a profundizar el análisis.

En esa línea, Andreu Jerez -máster en Ciencias Políticas por la Universidad Europea de Fráncfort- y Franco Delle Donne -consultor en comunicación del Parlamento de Berlín- publicaron el libro “Factor AFD. El retorno de la ultraderecha a Alemania” en el cual sostienen que quienes votan a este partido no lo hacen sólo seducidos por su corte autoritario sino porque ha sabido abrir espacios a un público variopinto. “En primer lugar –dicen los autores- está la extrema derecha habituada a presentarse como defensora del pueblo, a hablar en su nombre y a ofrecer soluciones simples a problemas complejos”. Luego vienen los euroescépticos que rechazan “la intervención de la Unión Europea en los asuntos nacionales… desperdiciando además el dinero de los alemanes en bancos quebrados y regalándolo a países irresponsables” (auxilio a Grecia).

También están los decepcionados que, huyendo de partidos como la Unión Demócrata Cristiana, el Partido Democrático Libre y el Die Linke -una fusión de fracciones de la izquierda- encontraron en la AFD un espacio a través del cual expresar sus demandas. Programáticamente, la AFD propone: disolver de manera ordenada la eurozona, retornar al marco alemán tras el “histórico error del euro” y regular la admisión de refugiados. Con este programa la AFD consiguió 95 escaños sobre los 631 del Parlamento Federal. Esta fuerza obtuvo además en 2016 en Berlín, Sajonia-Anhalt y Bader-Wurttemberg un 25% de los curules en juego en los parlamentos de tres de las regiones más influyentes de Alemania.
Neonazis, racistas xenófobos, populistas de extrema derecha, conservadores nacionalistas y hasta neoliberales, tales los marbetes que, según el extremo del análisis, se adjudica a este partido con apenas cinco años de andadura. Su carácter emergente como tercera fuerza ha instalado la crisis en la coalición gobernante. El Partido Social Demócrata, aliado de Angela Merkel en tres de sus periodos, tuvo una elección calificada de desastrosa y, tras perder un millón de votos que migraron a la ultraderecha, se aparta del Gobierno y pasa a la oposición. Eso plantea a la canciller federal la necesidad de negociar nuevas alianzas. Se dice que la nueva colación saldría de un acuerdo de la CDU con el Partido Democrático Libre de los “liberales clásicos” y con la Alianza90-Los Verdes, impulsores de la ecología política, el pacifismo y la economía sustentable. El tiempo dirá.

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