Premios Prestigio

Anoche fueron entregados los premios Prestigio, una gala que anualmente 5dias dedica a aquellas empresas que han alcanzado una posición sobresaliente en su cometido específico y ganado no sólo la confianza sino también la admiración del medio en el que se desenvuelven.
La iniciativa tuvo, desde un comienzo, la misión de rescatar de la malversación un concepto que en el Paraguay ha ido perdiendo sentido por un sobreuso dispendioso y por completo inadecuado. Los paraguayos somos muy propensos a vaciar de contenido palabras que intrínsecamente lo tienen. Llenamos el aire de mega obras que no lo son, excelencia que no aparece por ningún lado o maestros que no enseñan nada ni constituyen en absoluto un ejemplo a seguir.
El concepto prestigio significa, en su primera acepción etimológica, “realce, estimación, renombre, buen crédito” pero también indica “ascendiente, influencia, autoridad”. Esta última palabra tiene, en su raíz latina, un significado singular: “Ostenta la auctoritas –dice el diccionario- aquella personalidad o institución que tiene capacidad moral para emitir una opinión cualificada sobre una determinada materia”. Puede verse, de esta manera, los vastos alcances que tiene esta palabra en su primigenio y verdadero significado.
Las marcas nacionales que alcanzaron el premio Prestigio comparten un abanico de valores comunes que las han hecho brillar en sus respectivas especialidades. No es fácil sobresalir en un ambiente de alta competitividad cuando una empresa se ajusta por vocación a condicionantes tales como ética empresarial, cultivo de la tradición, apertura constante a la innovación, alta calidad de sus productos y servicios así como un inclaudicable ajuste a la responsabilidad social. Observar todos estos valores, seguir siendo crecientemente competitivos y lograr una presencia constante en la consideración del público son pilares firmes para un prestigio sostenible, apoyado en bases sólidas que garantizan a la empresa, sus propulsores y sus colaboradores una primera línea de preferencia permanente en la consideración del público.
Como en muchos otros aspectos de la economía, el mundo empresario se complejiza cada día un poco más. La creciente irrupción de nuevas formas de hacer las cosas está ensanchando las posibilidades de progreso pero también planteando desafíos por completo novedosos. Cuando, por ejemplo, hablamos de globalización, no nos estamos refiriendo a un concepto abstracto sino a nuevos mecanismos de intercambio. Hoy, un desarrollador de software paraguayo puede colocar su producto en Europa o el Lejano Oriente sin moverse de su laboratorio. La palabra “empleo” va siendo reemplazada por el término “contrato”. Aunque esto asuste, es el mundo que se viene. Muchas empresas paraguayas ya se han subido a esta ola y surfean sobre ella cada vez con mayor comodidad.
Y no pocas de ellas, logrando un buen y merecido prestigio.

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