Emblemática confitería forjada con el coraje de una madre en 1950

Lorena Barreto 
@lorennapy 

De tiempos en los que la materia prima no era de fácil acceso, nacía una con­fitería que hoy con exquisi­tas recetas se muestra con­solidada en su rubro. Desde 1950, la avenida España de Asunción acoge a una de las más emblemáticas em­presas del rubro de la con­fitería tradicional, como lo es Landau.

“Mi mamá fue la que co­menzó con este negocio”, explicó Vera Stepan, -hoy propietaria- al iniciar la entrevista con 5días.

Todo surgió en la época en la que sus padres migraron hacia Paraguay desde la Re­pública Checa. “Mi mamá vino como refugiada de la Cruz Roja con mi papá”, explicó. Posterior a la lle­gada, su padre fue privado de su libertad por cuestio­nes políticas. “Mi mamá ahí se quedó sin recursos.”, relató. Esta situación la lle­vó a conocer a los embaja­dores norteamericanos que probaron sus panes caseros y, encantados con su rece­ta, la apoyaron en lo que pronto se convirtió en un negocio familiar.

PRIMEROS PASOS
La embajada norteame­ricana la contrató luego de conocer sus elaborados. “En esa época había es­casez de materia prima, entonces ellos le traían de Estados Unidos unas cosas por semana, y ella hacía los panes”. En cuanto su esposo fue puesto en liber­tad, juntos se dedicaron al negocio. Sus emblemáti­cos rolls de canela llegaron luego de que la embajada haya propuesto una receta traída desde norteaméri­ca. “Mamá le hizo algunos cambios porque la verda­dera receta era una que no se podía hacer acá. Por eso la masa es diferente”, sos­tuvo.

 

Más tarde, con el éxito obtenido, le dieron sitio a sus productos. La avenida España fue el lugar ideal, y así se llamó el negocio en un principio. Allí alquila­ron una casa desde donde comercializaban todo lo que la señora Stepan pre­paraba; sin embargo, el de­safío era ofrecer un mayor alcance. En ese entonces, un repartidor de origen alemán fue el aliado per­fecto para dar a conocer sus productos alrededor de la ciudad. Ambos se convir­tieron en socios comercia­les. Pero tiempo después, el hombre, de apellido Lan­dau, se propuso volver a su país, y vendió todo lo que correspondía a su negocio a la señora Stepan. En ho­nor y agradecimiento a don Landau, fue que la confite­ría pasó a nombrarse con el apellido del mismo.

RETO
Ya en el 1979, la empresa quedó en manos del her­mano mayor de la familia, Vasco Spitz, a raíz del fa­llecimiento de su madre. Spitz se encargó de la ad­ministración hasta 1998, cuando decidió apartarse para ceder a su hermana la tarea de continuar con el negocio.

Vera Stepan reconoce que fue un desafío complicado tomar las riendas de la em­presa, pues se dedicaba a un trabajo propio en otra em­presa. “Mi marido me dio coraje y me animé”, recor­dó. Los años que siguieron a su llegada a la empresa fueron de mucho esfuer­zo y de fortalecimiento. Tocó introducir un nuevo modelo de negocio, como incursionar en el servicio de catering para empre­sas. “Seis años atrás es que empezamos a ver el creci­miento real y Landau funciona sola”, dijo orgullosa.

NUEVA  GENERACIÓN
En el 2014, los hijos de Vera tomaron responsabi­lidades en la empresa y hoy se encuentran totalmente involucrados en el creci­miento de la misma. Su hijo, Axel Torres, y su hija Vera Torres, asumieron el desafío de aportar sus co­nocimientos para ayudar a su madre.

En el futuro cercano Lan­dau aún no pronostica expansión en sucursales ni franquicias. “Cuando recién vine, dije que haría varias sucursales e iba a expandir la empresa, pero ahora me doy cuenta de que no hace falta tantas su­cursales sino seguir traba­jando y mejorando en todo sentido”, mencionó Axel, y consideró como punto fun­damental lograr compene­trar todos los componentes de la empresa para poder proyectar escenarios más amplios para los próximos años: “Hubo mucho creci­miento, pero del que no se ve”, agregó sobre los diver­sos servicios que ofrecen desde hace no más de 15 años, como las viandas, el servicio de catering dentro de las empresas que pagan por sus productos, entre otros.

LANDAU
Actualmente cuentan con más de 75 personas traba­jando dentro de Landau; muchos de los cuales están desde hace décadas. Y dia­riamente reciben a alrede­dor de 400 personas que se acercan para almorzar en el local; sin embargo, fuera de eso proveen a al menos 1.500 personas por día por medio de sus servicios ex­ternos.

Entre proyectos de me­joramiento de la infraes­tructura del local y su organización, la calidad y la autenticidad continúan como los objetivos pri­mordiales de una empresa que desde su nacimiento ha sido impulsada con el esfuerzo de una madre, y tiene como motor el sen­timiento transmitido de generación en generación.

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