Las arcas de Brasil continúan vacías de ganancias

Brasil ha estado adop­tando medidas de auste­ridad fiscal durante bue­na parte de los últimos cuatro años. Sin embargo, su situación fiscal es aún más espinosa que antes.

Tal como están las cosas hoy, el Gobierno rom­perá el próximo año una cláusula constitucional llamada la Regla de Oro, que estipula que no pue­de emitir nueva deuda para financiar los gastos corrientes sino solo para financiar inversiones. ¿El déficit? una asombrosa suma de entre 150.000 a 200.000 millones de rea­les el próximo año.

¿Cómo se metió la eco­nomía más grande de América Latina en este lío? Cuando los ingresos tributarios se erosiona­ron a medida que la ac­tividad económica cayó en picado en los últimos años, el Gobierno se vio obligado a recortar fuer­temente sus inversiones, porque la mayor parte del presupuesto de Brasil -un sorprendente 91 por cien­to este año- está destina­do por ley y no puede ser alterado por el Gobierno. Ahora queda poco por cortar.

Para empeorar las cosas, los gastos actuales como los salarios y los des­embolsos de pensiones continuaron creciendo. La asistencia de vivienda a miembros de la judica­tura ha crecido 3.300 por ciento en los últimos tres años, por ejemplo. “Es un sector público que gasta mal, hay mucha inefi­ciencia”, dijo Alberto Ra­mos, economista jefe de Latinoamérica de Gold­man Sachs. “Brasil gasta mucho e invierte poco”.

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