¿Por qué no podemos dar el salto en educación?

mcs grupo consultor

Existe un consenso social sobre que es necesario mejorar la educación paraguaya. Sin embargo, las políticas implementadas por el gobierno no producen los efectos esperados, lo que genera un rezago y nos mantiene entre los países con menor calidad educa­tiva del mundo.

Para dar el salto educativo que necesita el país se deben combinar esfuerzos tanto del sector público como también de las familias y superar así los factores que limitan la mejora educativa.

FACTORES QUE IMPIDEN DAR EL SALTO EDUCATIVO

Docentes sin incentivos suficientes. Un docente catedrático que se dedica exclusivamente a enseñar en instituciones educativas del sector público percibe entre G. 23.511 y G. 27.099 por hora cátedra y como máximo puede enseñar 130 horas mensuales por turno. De su remuneración mensual, se le descuenta 21% en con­cepto de seguro social y jubilación. Los datos abiertos del MEC revelan que a diciembre del 2017 el promedio de asignación que recibieron los docentes catedráticos fue de G. 2.221.813 (descon­tadas las contribuciones), sólo G. 180.690 superior al sueldo mí­nimo vigente.

Además, un catedrático de la educación media tiene que afrontar una gran cantidad de gastos para cubrir sus horas cátedras. Dia­riamente, los docentes tienen que trasladarse a varias institucio­nes educativas para dar clases, y deben cubrir su combustible o pasaje, sus gastos alimentarios y otros gastos inherentes al ejer­cicio de su profesión.

Por esto, cada vez menos personas deciden dedicarse al ejerci­cio de la docencia, principalmente, por el gran desgaste físico y emocional que la profesión genera, la baja retribución y la poca valoración que ésta profesión tiene. En consecuencia, los profe­sores que están en el sistema educativo en su mayoría se encuen­tran desmotivados. La remuneración percibida también incide en las decisiones del docente sobre capacitarse continuamente. Todo ello se traslada a la calidad de la enseñanza.

Deserción e inasistencia. Si bien hubo un avance significativo con la Ley Nº 4.088 que establece la “obligatoriedad y gratuidad de la Educación Inicial y de la Educación Media”, en las estadísti­cas oficiales, la cantidad de jóvenes que no asisten a la educación media, es preocupante.

Según la Encuesta Permanente a Hogares del año 2016 (EPH, 2016), se aprecia que, de los jóvenes de 15 a 18 años, el 67% se encuentra en la Educación Media (EM), el 19,5% la Educación Es­colar Básica (EEB) y el 28,6% no asiste a ninguna institución de enseñanza. Son aproximadamente 160 mil jóvenes que, teniendo la edad para estudiar, no lo hacen. El 26,32% de los que no asisten no lo hace porque no tiene los recursos económicos en el hogar, el 23,67% porque no quiere estudiar y el 19,12% porque tiene la necesidad de trabajar.

En la juventud, la deserción y la inasistencia son problemas mu­cho más complejos, que tienen una diversidad de factores causa­les que impiden el cumplimiento irrestricto de la obligatoriedad de la asistencia a la EM, y no permiten aumentar los años de estu­dio de las personas para mejorar su formación educativa.

Inversión educativa limitada. La experiencia de los países conmejor calidad educativa tales como Finlandia, Suiza, Suecia, entre otros, nos demuestra que éstos han logrado avances significativos en materia educativa a través de inversiones bien dirigidas ten­dientes a mejorar la infraestructura y a proveer al sistema de los elementos necesarios para asegurar la gratuidad de la educación.

En Paraguay, en el 2018, el gasto público en educación será el 7,5% del Presupuesto General de la Nación (PGN) y representará el 3,3% del Producto Interno Bruto (PIB), lejos del nivel cercano al 7% del PIB por año que invierten los países citados, que gracias a ello en la actualidad tienen ciudadanos altamente calificados y con las habilidades adecuadas para desempeñarse y vivir en el mundo competitivo de hoy.

Padres que no se involucran. Según la EPH 2016, de los jóvenes de 15 a 18 años que no asisten a clases porque “no quieren estu­diar”, el 43,63% de ellos no tiene padre y para el 14,6% sus padres han llegado a concluir como mucho el 6° grado. Con respecto a sus madres, el 35,96% no tiene madre, para el 16,52% sus madres como máximo culminaron el 6° grado y para el 5,52% ellas cursa­ron hasta el 9° grado.

Estos datos nos indican que los jóvenes que no quieren estudiar no tienen el acompañamiento adecuado de su padre o madre, o los padres tienen muy pocos años de estudio y no les exigen culminar su formación educativa básica.

Al ingresar a este campo, el sistema educativo tiene una limita­ción fuera de su jurisdicción, que es difícil mitigar porque los pa­dres de éstos jóvenes o no están con ellos o es difícil lograr que comprendan la importancia de la educación para el futuro de sus hijos. Sin embargo, a pesar de esa situación, es necesario hacerlos partícipe de la formación de sus hijos, desde su educación inicial hasta la media.

Está demostrado que un país con buena educación, mejora sus in­dicadores de pobreza al mejorar los niveles de salario y esto se da como consecuencia de la mejora de la competitividad de cada tra­bajador. Además, aumentan las inversiones en el país atraídas por la mano de obra calificada, esto genera un efecto multiplicador que se traslada al crecimiento económico.

El Gobierno debería centrar su atención en la educación, estable­cer incentivos adecuados a los docentes tanto de remuneración como para la formación continua, reducir los niveles de deserción e inasistencia, mejorar el gasto público en educación e integrar a los padres en la formación de los jóvenes. Mejorando estos aspec­tos, podremos dar el salto educativo que tanto necesitamos como país.

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