CRISIS DE CONFIANZA EN LAS REDES SOCIALES

 A mediados del año pasado invitábamos en nuestro es­pacio editorial a reflexionar sobre la fantástica cantidad de información personal que vertimos a diario en las redes sociales: nombre, apellido, sexo, edad, dónde vivimos, dónde trabajamos, nivel de estudios y expe­riencia laboral. También hablamos del deporte que nos gusta, club favorito, co­mida preferida, si vestimos formal o deportivo, qué ha­cemos los fines de semana. Es seguro que, en las últi­mas semanas, mucha gente comienza a preguntarse si esta conducta es prudente o si estaremos confiando demasiado de nuestra vida personal a Facebook, Twitter o Instagram.

The New York Times reveló la existencia de “fábricas de seguidores”, programas robotizados que pueden dar popularidad a cualquiera que pague la tarifa apropiada.

Ahora entró en crisis Face­book, preferida por el 80% de los paraguayos. “Face­book parece haber sido una fuerza clave para distri­buir contenido electoral decisivo en las elecciones del Brexit en Reino Unido y en las presidenciales de Estados Unidos ganadas por Donald Trump” repor­taba el matutino catalán La Vanguardia. El análisis toma en cuenta el depura­do proceso de fidelización de usuarios de la red líder con casi 2.000 millones de seguidores. “El objetivo fi­nal de todas las decisiones en Facebook pasa porque estemos más tiempo usando sus plataformas, y para eso necesitan confian­za”. He ahí la palabra clave. Ahora, ese valor está en juego, después de saberse que una consultora que trabajó para Donald Trump manipuló datos de 50 millones de cuentas. Mark Zuckerberg, su fundador, no ha logrado pararse dere­cho después de semejante golpe que le costó más de US$ 40.000 millones en valor de mercado.

¿Qué más le costará?

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