EL DIFERENCIAL ROSA

CRISTIAN NIELSEN Periodista - Editorialista

La primera vez que escuché hablar de la “economía rosa” creí que se circunscribía al colectivo conocido con la sigla LGTB (lesbi­anas, gays, transexuales y bisexuales), visto hoy como una comunidad mundial de 700 millones de personas que gastan hasta un 15% más que el consumidor promedio.

Pero estaba mal informado. Hoy los economistas hablan del denominado “diferencial rosa” de la economía, un factor casi desconocido por la mayoría. La Comisión Europea ha descu­bierto que las mujeres llegan a pagar entre un 7 y un 10% más por productos similares a los masculinos. Una vueltita por el gigante mundial minorista, Amazon, nos ilustra al respecto. Una afeitadora corporal masculina de la marca más famosa se ofrece por € 19,20 mientras que su similar femenina llega a € 25,99. Ambas tienen la misma forma, afeitan con la misma eficiencia, pero una de ellas, la más cara, es de color rosa.

“Se trata de discriminaciones casi invisibles –reporta el Departamento de Consumo de Nueva York- en el precio de productos tan cotidianos como desodorantes, cepillos de dientes, juguetes para niños, bebidas, ser­vicios de lavandería o un corte de pelo. Ese es el coste que hay que pagar por ser mujer y consumidora”.

También llamada la “tasa rosa”, esta brecha indica que las mujeres manejan apenas el 1% de la riqueza mundial, ganan hasta un 20% menos por el mismo trabajo y compran más que los hombres.

Brecha que, huelga decirlo, aún permanece abierta.

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