EL RETO DE JUGAR LIMPIO

Pablo Álamo - PhD en Economía y Empresa

Quienes han emprendido la “cruzada” del gobierno corporativo bien han entendido lo que está en juego: crear un mundo mejor, economías más consistentes, empresas más profesionales. Al reducir el riesgo al que se exponen los actores económicos, se minimizan las consecuencias negativas de los errores humanos que suelen derivar en graves injusticias, de difícil o imposible reparación.

Las malas prácticas de gobierno corporativo, por su parte, se traducen con frecuencia en pérdida de competitividad, mortalidad empresarial, aumento del desempleo, menor músculo económico del Estado para inversiones estratégicas, freno al crecimiento económico cuando no a veces también en la consolidación de lógicas que aumentan la pobreza.

La lógica capitalista pide asegurar el retorno de la inversión. Esta pretensión no sólo es respetable sino justa y conveniente para la sostenibilidad del sistema. Do ut des!, decían los clásicos: damos y esperamos algo a cambio. El reto es el cómo conseguimos el retorno: el gobierno corporativo reconoce y protege el principio básico del sistema capitalista pero busca que los deseos legítimos sean alcanzados de la manera adecuada cuidando los intereses de todo el sistema en un contexto de transparencia y legalidad.

A quienes han construido su éxito empresarial jugando con las “cartas” marcadas o con el “árbitro” a su favor en las decisiones más críticas del partido, igual el gobierno corporativo puede ser útil: ayuda a poner a la organización a un nivel superior en un contexto global de máxima competencia.

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