10 mandamientos para trabajar más tranquilas

En este mundo frenético en el que vivimos, el tiempo y la tranquilidad son un nuevo lujo, pero obtener am­bos en los distintos ámbitos de nuestra vida no resulta imposible. Para ello, nece­sitamos establecer objetivos y trazarnos un plan para alcanzarlos. Veamos cómo podemos sentirnos mejor en el trabajo poniendo en práctica estos diez manda­mientos:

  1. Llegaré al trabajo con una sonrisa

Aunque arrancar el día con buen humor y actitud positiva puede depender de va­rios factores (haber dormido bien, tener preocupaciones personales, sufrir alguna enfermedad, etcétera), tomar conciencia de que soy artífice de mi buen humor, me ayudará a poner todo de mí para que la jor­nada resulte con saldo positivo.

  1. Neutralizaré a las personas tóxicas

A veces, no es posible elegir el tipo de perso­nas con quienes voy a interactuar a lo largo del día laboral, pero lo que sí puedo elegir es cómo sobrellevar el trato con una persona tó­xica. Aprender a poner límites para proteger mi espacio personal, tratar de comprender qué hace que esa persona se comporte así y despersonalizar los ataques son maneras de neutralizar a aquellos que minan mi bienes­tar en el trabajo con pensamientos negativos. No perderé de vista mis objetivos y me con­centraré en ellos para ganar esta carrera de resistencia.

  1. Me apoyaré en los buenos compañe­ros

Uno de los cambios más difíciles para mu­chos es soltar el control de las cosas y aceptar un poco de ayuda de los demás. ¿Por qué no apoyarme en aquellos compañeros de traba­jo en quienes confío y con los que me siento cómoda? Completar una tarea, sobrellevar un día pesado o, incluso, recibir un consejo o generar ideas… todo eso es más fácil si sabe­mos que contamos con alguien.

  1. No llevaré trabajo a la casa

Una encuesta realizada por la Universidad Abierta Interamericana (UAI) y publicada en la revista argentina Ohlalá, señala que casi el 20 % de los trabajadores de ese país se lle­van tareas al hogar y que la mitad de estos le dedica más de dos horas. Ante una realidad similar, solo resta poner cada cosa en su lugar y optimizar el tiempo. Prepararé un listado de las tareas que pretendo realizar en el día y organizaré jornadas de trabajo en bloques de dos a tres horas de pura concentración. A la par, rechazaré algunos pedidos que puedan restarme productividad. Así, pronto obten­dré como resultado una tarde libre para des­conectarme del trabajo.

  1. Seré directa

Dejaré de dar vueltas para contar o expli­car algo. ¿Para qué aburrir o confundir a los demás? Necesitamos de información clara y concisa para trabajar en un ambiente de confianza, eficiencia y armonía. Los expertos recomiendan hablar en titulares, es decir des­tacar lo más importante al principio, como si el tema que uno fuere a desarrollar tuviese un título o idea central. Esto ayuda a fijar en la mente de nuestros compañeros, clientes o jefes lo que realmente queremos comunicar.

  1. Me quejaré menos

El trabajo está lleno de dificultades, pero esta decisión es solo mía: ¿me amargo y vivo lamentándome por eso o intento seguir ade­lante? Si se trata de decir algo negativo o hacer una crítica, intentaré que no caiga en un saco roto y que sea un aporte, una idea para mejo­rar o, al menos, para reflexionar. Cuando algo está mal o no funciona como se espera, ¿qué puedo hacer para cambiar esa situación? es un buen punto de partida para pensar antes de hablar. Si me lleno de quejas, solo termi­naré haciéndome daño y contaminando a los demás. ¡Actitud positiva!

  1. Apreciaré lo valiosa que soy

Para que los demás valoren lo que soy y qué habilidades tengo, la primera convencida debo ser yo. Estar satisfecha y a gusto con mi desempeño me hará sentirme tranquila y segura para afrontar nuevos retos. No tengo por qué compararme con mis compañeros de trabajo, todos somos distintos y con talen­tos diferentes. Voy a centrarme en mi trabajo y en lo que yo puedo brindar desde el puesto que ocupo.

  1. Aprenderé a decir “no”

Es difícil negarse a hacer algo si lo pide un jefe, pero a veces resulta necesario. Hacerlo no me hace una mala persona o profesional. Tampoco se trata de decir “no” todo el tiem­po, sino de tomarse unos segundos para pen­sar antes de responder: ¿podré cumplir con lo que solicita?, ¿está dentro de mis funciones o se trata solo de un favor? A veces basta con decir que en ese momento no podré cumplir, pero puedo proponer otra fecha o si se trata de un jefe establecer prioridades con respecto a determinadas tareas encargadas.

  1. Evitaré distracciones innecesarias

¿Cuánto tiempo al día invierto en las redes sociales, el WhatsApp, el teléfono, el correo electrónico y las reuniones? Según estudios internacionales, en promedio se pierde una hora al día en distracciones de este tipo en la oficina y como mínimo se consulta cuatro veces el celular en una hora. ¿Es necesario eso para mí? Si se trata de ganar tiempo y produc­tividad es claro que no. Establecer pequeñas pausas cada dos o tres horas y horarios para conectarse a internet y el celular pueden ser buenas estrategias.

  1. Invertiré en mí

Si puedo cumplir con los mandamientos anteriores, es claro que podré disponer de un tiempo para mí, para hacer deportes, ir al cine, leer, reunirme con amigos o invertir en alguna actividad que tenía postergada. Dejarme para el último lugar no es sano, un tiempo para mí me ayudará a rendir mejor en el trabajo y en la vida.

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