QUE ESTA VEZ LO ESTUDIEN EN SERIO

El proyecto de ley que crea la superintendencia de fondos jubilatorios y de pensiones, una deuda pendiente en el ordenamiento institucional del Estado, va de nuevo al Senado. Somos uno de los últimos países del continente que carece de este órgano regulatorio y de vigilancia. Todos los intentos de aprobarlo en el Congreso cayeron en el vacío al chocar con la cerril resistencia de las claques que manejan en forma inconsulta fantásticas sumas de dinero. Es muy difícil explicar  que entidades que captan dinero del público carezcan de supervisión ni estén sujetas a mecanismos de seguridad que garanticen los fondos resultantes de su funcionamiento. Sobre todo porque los casos de fraude, de descalce patrimonial o simple bandidaje administrativo salpican a mutuales que aún funcionan por verdadero milagro.

El Banco Mundial lo ha advertido al decir que las cajas previsionales y mutuales deben gozar no sólo de sostenibilidad financiera sino también política. Cómo hacer sostenible una caja desde la gestión ya se sabe desde hace años. Es la política mentecata y filibustera la que bloquea el tratamiento del proyecto cuya entrada en vigencia será el fin del hermetismo y de la endogamia administrativa con que se manejan las distintas mutuales.

Se espera, además, que queden en el pasado los más negros episodios de asalto a cajas de gran envergadura, como la monumental estafa a la de jubilados de Itaipú, la de los bancarios, los manejos oscuros de la mutual municipal y muchos otros casos producto de la ausencia de vigilancia y supervisión.

Todo esto, naturalmente, si el Senado no decide cajonear el proyecto una vez más obedeciendo a la vocinglería callejera que seguramente habrá de instalarse frente al Congreso durante su tratamiento.

 

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