LA ANOMIA IMPERA EN EL GRAN ASUNCIÓN

En declaraciones inser­tas en nuestra edición de ayer, el presidente de la Cámara Paraguaya de Supermercados hizo una síntesis escalofriante de lo que en cualquier país sería pura anomia, es decir, “conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degra­dación” (RAE). ¿De qué se trataba? Instalado frente a un supermer­cado, un sujeto iba empaquetando azúcar brasileña en envases rotulados “industria paraguaya” para vender­la a los viandantes.

El supermercadista envió una foto de la escena a la ministra de Hacienda, al de Industria y Comercio y al INAN, organismo que debe velar por la inocuidad de los ali­mentos. La Ministra de Hacienda respondió que los inspectores temen encarar a esos vendedo­res porque muchos son narcos y van armados; el del MIC le sugirió que denunciara el hecho a los medios; y el INAN alegó carecer de juris­dicción sobre la venta callejera, sólo sobre los comercios establecidos.

Más anomia que esto es casi imposible. A esta enumeración de “no se puede” hay que agregar otros nombres, por ejem­plo, las municipalidades del área metropolitana, eternamente al borde de la inanición financiera y a las que sólo las mueve un afán recaudatorio, no de ordenamiento urbano ni mucho menos de control de inocuidad, tratándose de alimentos.

Las fiscalías y su brazo armado, la Policía Nacional, ni se acercan a estos puestos instalados en abierta violación a todo tipo de ordenanzas municipales y leyes nacionales. Así, la mancha urbana llamada Gran Asunción es un enorme bazar al aire libre en donde el contra­bando y las mercancías robadas alimentan una gigantesca corriente de informalidad co­mercial en constante aumento. Cualquiera vende cualquier cosa en cualquier lugar, sin papeles ni registros.

Anomia pura.

También podría gustarte