Necesitamos ya una “Ley del Arrepentido”

En el Paraguay no tenemos nada semejante a una “ley del arrepentido”. Su sola mención encrespa el pelo a los académicos y pone en guardia a los políticos.

El procedimiento cobró notoriedad cuando el juez Teori Zavascki, ministro del Supremo Tribunal Federal de Brasil, autorizó investigar judicialmente a 47 políticos sospecho­sos de integrar una red de corrupción dentro la estatal Petrobras, lo que se conoce como “operación Lava Jato”.

Los brasileños tar­daron en ponerse de acuerdo si se trataba de denuncia, colaboración espontánea o, directa y brutalmente, traición o delación premiada.

Como quiera que sea, bajo esta figura se acuerda una disminución de la pena en expectativa a quien suministre información valiosa para una investi­gación. El principal efecto que la regla pretende alcanzar es debilitar a las organizaciones criminales alentando la desconfianza que subyace entre sus miembros, en especial entre aquellos que aún no han alcanzado los niveles más elevados de la organización.

El “Lava Jato” arroja hoy cifras escalofriantes: 57 procesos penales contra 260 acusados. Ya hay con­denas en 25 juicios que suman un total de 1.317 años de prisión. Avanzan además denuncias contra unos 170 políticos con inmunidades diversas a partir de unos 900 testi­monios rendidos por 77 ejecutivos de Odebrecht que aceptaron colaborar con la investigación.

En Argentina, el escán­dalo de los “cuadernos K” está haciendo desfilar ante el juez Claudio Bonadío a 18 imputa­dos entre funcionarios públicos –la ex Presidenta Kirchner entre ellos- y empresarios privados, incluido un pariente cer­cano de Mauricio Macri.

En este caso, la “ley del arrepentido” está alentan­do a “cantar” a algunos, lo que permite estimar que la constelación de imputa­dos irá en aumento.

En el Paraguay no tene­mos nada semejante a una “ley del arrepentido”. Su sola mención encrespa el pelo a los académicos y pone en guardia a los políticos. Por lo tanto, hay que ir ya por ella.

 

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