Acabe con los antros corruptos, Sr. presidente

 

 

El paradigma de la “bella agricultora” beneficiada con un plan de asistencia rural y pillada paseán­dose por balnearios de ensueño, desnuda una cruda realidad: la inefica­cia o simple inexistencia de organismos de control de gestión pública.

Cuando un ente del tamaño del Ministerio de Agricultura y Gana­dería maneja fondos de financiación, la auditoría debe ser implacable. En nueve programas y proyectos, el MAG tiene asignados recursos por US$ 215 millones que comprometen la financia­ción de organismos como el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomen­to, el Banco Interamerica­no de Desarrollo y el Fon­do para la Convergencia Estructural del Mercosur.

Además, hay un pro­grama para fomentar la cadena láctea (FCL) que se hizo aprobar una ley, la 5.264 de 2014, que fija tasas a operaciones tales como la importación de vacunas para ganado bovino (0,25% sobre su valor aduanero), sobre la venta de leche (0,10%), sobre cada bovino vendi­do a nivel local (0,10%) y sobre cada cabeza de ga­nado importado (0,10%).

Asusta pensar en los caminos que deben seguir estos fondos así captados hasta llegar a destino, sin sufrir desvíos ni “distracciones”.

La investigación abierta por el colega ABC expone no sólo la existencia de la agraciada “labriega” vacacionista sino lo que parece ser una red de corrupción consolidada por verdaderas capas geológicas de funciona­rios desleales estratifi­cadas durante décadas. ¿Cómo se rompe eso? Con control de gestión y auditorías que vayan más allá de palabrerías huecas, como eso de la “transparencia” conque el propio ministerio de marras nos ofende desde su web oficial.

Hechos y no palabras. Acabe de una vez por todas con tanta podre­dumbre, Sr. Presidente. Y hágalo ahora. Dentro de un año ya no podrá.

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