De refranes duros y realidades crudas

Analizando los gastos del Gobierno, vemos que persiste el gasto irracional y la corrupción sistémica. Si no se frenan ambos, todo retraso se pagará con creces

 

“Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar”. La cita de este refrán deriva del discurso del presi­dente argentino Mauricio Macri, quien con un tono calculado para mover a la compasión, anunció medidas de austeridad dirigidas a enderezar la descangallada economía de su país. El eje central fue claro: “No podemos seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades, la fiesta terminó y hay que empe­zar a pagar las cuentas”.

Tal vez inspirado en el tono intimista de las “charlas junto al fuego” de F.D. Roosevelt tras el crack de 1929 y la gran depresión, Macri abrió su corazón y jugó el resto de su capital político anunciando duras medidas de ajuste.

Es decir, intentó hacerlo porque, fiel a su estilo, a cada mano de cal con­trapuso una de arena.

Pero más allá de estilos y de estados de ánimo, la impresión final del llama­miento es que Argentina ya no puede seguir por el camino del derroche y debe cambiar si quiere estabilizarse y crecer. Todos esperamos que lo logre porque uno de cada tres paraguayos tiene algún pariente, cercano o lejano, viviendo allí.

Además, hay otro refrán que nos cabe en esta coyuntura: “Si Buenos Aires estornuda, Asun­ción se resfría”. Cada crisis de nuestro vecino sureño nos golpea de alguna manera, a veces para bien pero frecuen­temente para mal.

Esta vez debiéramos observar atentamente los efectos devasta­dores del populismo, de la baja calidad de la gestión pública y de la corrupción en el Estado.

Analizando los gastos del Gobierno nacional, vemos que persiste el gasto irracional y la corrupción sistémica.

Si ahora no se frenan es­tos desmanes, todo retra­so se pagará con creces.

No querríamos verlo al aún flamante presidente tener que dirigir algún día al país un discurso tan crudo y lastimero como el de Macri.

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