El éxito de Singapur entre la cultura y el comercio

Por Benjamin Fernández Bogado
Desde Singapur

 

Los éxitos suelen tener muchos padres y el fracaso ninguno, es una expresión popular repetida para el caso de las naciones. Singapur fue un reverendo fracaso en sus inicios. Una ex colonia británica habitada por descendientes de chinos, malayos, indios y una mezcla de todos ellos hizo de este conjunto de islas el sitio operativo para todo lo peor. Desde drogas hasta  piratas organizados para acabar con el comercio de la zona pasaron por sus administraciones colapsadas por la corrupción. Intentaron infructuosamente una federación con Malasia pero esta terminó por devolverlos por inviables. Hasta ahí había tomado todo lo peor de todas las corrientes culturales que las habian habitado. ¿Qué pasó para que se diera el salto?. ¿Qué tuvo que ocurrir para que se sacudieran y emprendieran el salto más grande que recuerde la humanidad. Explicarlo no es sencillo.

El factor cultural e histórico ha sido determinante. Habían tocado fondo y no les quedaba otra cosa que emerger. Requirieron un líder carismático, autoritario como Lee Kwan Yew dispuesto a acabar con la corrupción yendo incluso contra sus familiares o amigos. Una visión de convertirlos en un centro de desarrollo basado en los valores educativos profundamente arraigados en las visiones confusionistas traídas de China, el pragmatismo de los británicos y la audacia comercial de indios o malayos. Valoraron su posición estratégica en un territorio que hacía muy atractivo el desarrollo de un centro portuaria donde los  niveles de eficiencia fueran tan altos que hoy visitar su centro administrativo solo sirve para maravillarse del manejo de miles de contenedores bajando o subiendo sin que aparezca ningún ser humano que obstaculice o robe los mismos. En definitiva, entendieron sus fortalezas y las potenciaron. Ingresaron al tumultuoso momento de la década de los sesentas del siglo pasado e hicieron el gran salto.

Invirtieron mucho y bien en educación al punto que hoy su modelo de éxito es exportado al mundo. Recuperaron el sentido del orden y la limpieza haciendo un “país jardín” como lo presentan hoy en día. 23 kilómetros de santas ritas florecidas dan la bienvenida al visitante desde el aeropuerto al centro de la ciudad sin ninguna basura en sus calles ni veredas. Potenciaron su herencia británica convirtiendo a Singapur en un gran centro financiero y su eficiencia lo convirtió en un centro de refinación de petróleo sin producir una gota del mismo. Se dieron cuenta que eso no era suficiente y están ahora en ser el primer país del mundo con una mirada sostenible y amigable con el medio ambiente. Quieren y promueven el valor del agua y enfrentan los retos  del calentamiento global.

Este pueblo es pragmático. Solo tiene dos embajadores en America: Estados Unidos y Brasil. Cinco en Europa y el resto repartidos en sus vecinos de Oriente. Cuando quieren cerrar un negocio envian a un hombre de ese perfil que hace las veces de un embajador pero mucho mas eficientemente y barato. Sam Goi Sen Hui es un multimillonario y me pasa su tarjeta de embajador no residente. Le pregunto que vende y me dice que es uno de los mayores exportadores de comida congelada a nivel mundial con tres fábricas en EEUU, 5 en Europa y 9 en China. Emplea a más de 25 mil personas y el valor de sus empresas es superior a 3 mil millones de dólares. “ Hay que hacer negocios con China no con Taiwán. No pierdan su tiempo” me dice al momento que me muestra fotografías de diferentes momentos  de su vida con el presidente de la China Popular. “Yo les puedo ayudar con él y les puedo comprar sus materias primas” me reafirma mientras me muestra un material en youtube donde el fundador de este país; Lee Kwan Yew lo elogia de manera prolongada.

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