El BCE acepta el modelo ejecutivo

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El anuncio lanzado por BBVA de que Carlos Torres será el sustituto de Francisco González en la presidencia ejecutiva no solo supone la culminación de un proceso lanzado a inicios de este año y una señal de continuidad en la gestión de la entidad vasca. Es, también, una aceptación implícita del BCE al modelo de presidencias ejecutivas tan presente en los dos grandes bancos españoles.

Un hito relevante dentro del proceso de sustitución de González se encontraba en el visto bueno del supervisor a los planes propuestos por BBVA. La intención del banquero, que en 2019 cumplirá 75 años, era mantener en el futuro la estructura actual de presidencia ejecutiva; pero el BCE es más favorable a un organigrama en el que el presidente del consejo de administración lo ocupa una figura institucional sin poderes directivos, que recaen en estos casos en el consejero delegado. Fuentes del sector señalan que BBVA ha estado meses en conversaciones con Fráncfort para llevar a cabo sus planes de sucesión. Aunque el escenario central para González y los suyos era nombrar a Torres presidente ejecutivo, el BCE, a través de sus equipos de inspección, manifestó repetidamente a la entidad que mantener el modelo actual no era lo ideal.

La negativa inicial del supervisor a aceptar esta estructura propuesta llevó al segundo grupo bancario español a preparar otro escenario de sucesión alternativo en el que Torres continuaría siendo consejero delegado, aunque en este caso con plenos poderes, y a la vez se nombraría un nuevo presidente no ejecutivo.

BBVA, según fuentes conocedoras del proceso de sucesión, se amparaba en que la decisión de nombrar a un nuevo presidente ejecutivo es legal según el marco normativo español. Como el BCE no dispone de poderes para forzar un cambio de modelo de gobernanza, se vio obligado a acatar la decisión del banco vasco. El supervisor esperaba que la entidad aprovechara la oportunidad de la sucesión para adecuar su modelo a los estándares recomendados por las autoridades, pero desde BBVA defendieron la continuidad como parte de su cultura corporativa.

Este modelo de organización alternativo contaría con un presidente de reconocido prestigio y que cumpliese un papel más institucional, aunque siempre con la potestad de liderar el consejo y, por tanto, los nombramientos de la cúpula ejecutiva. «Un fichaje reciente como el de Jaime Caruana, procedente del Banco de Pagos Internacionales de Basilea, cumplía, a priori, con el perfil para un puesto así», señala un alto responsable del sector próximo al proceso de sucesión en BBVA.

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