El Reaseguro. La solvencia por excelencia

Por Guillermo Fronciani
Abogado

 

Históricamente, las normas jurídicas de origen no anglosajón  se han ocupado muy poco acerca de la figura del “reaseguro”. Nuestro Código Civil,  de 149 artículos que comprende el Contrato de Seguros, solo tres hacen referencia al reaseguro. Esto obligo a recurrir a la doctrina complementaria y a la “práctica común” para conocer, interpretar y aplicar el complejo sistema técnico/contractual sobre el que descansa este instituto, sin el cual ninguna aseguradora podría subsistir.

Su origen es tan antiguo como el seguro mismo, se dice que el primer contrato data hacia el año 1370 en el campo marítimo, pero la evolución de los seguros de incendio lo hizo evolucionar a tal punto que se extendió a todos los riesgos que comprende la industria del seguro, con bases sumamente técnicas y modernas que se hallan regulados en complejos contratos celebrados entre el asegurador y el reasegurador donde se perfecciona la relación entre ambos.

Así, desde un punto de vista “jurídico” es un contrato donde el reasegurador se obliga a reembolsar al asegurador aquellas erogaciones realizadas por este de acuerdo a las estipulaciones del contrato y los límites establecidos en el a cambio de una cesión de primas a su favor. Y desde un punto de vista “técnico” se puede decir que el asegurador decide “compartir” con el reasegurador los riesgos  asumidos reteniendo una porción menor y transfiriendo la porción mayor al reasegurador conformado generalmente por  solidas organizaciones que asumen ese riesgo y que a su vez pueden ceder en otro reasegurador lo que no pueden o desean retener produciéndose así una verdadera “dispersión” del riesgo en una amplia red global lo que permite – por ejemplo – que grandes catástrofes mundiales producto de la naturaleza y la ferocidad del clima puedan afrontar las aseguradoras y reaseguradoras en un perfecto equilibrio técnico y financiero.

El artículo 1693 de nuestro Código Civil expresa: “…El asegurador puede a su vez asegurar los riesgos asumidos, pero es el único obligado respecto al tomador del seguro…”. Al mencionar “el único obligado” aclara que, el reasegurador no tiene relación con el tomador o asegurado. El que se obliga es el asegurador con respecto al asegurado y este último “…carece de acción contra el reasegurador…” (Articulo 1694 Código Civil). Tampoco tiene acción alguna contra el reasegurador  el “tercero damnificado” derivado de un seguro de responsabilidad civil, es decir este último solo puede dirigir su reclamo al asegurado y “citar el garantía” al asegurador pero nunca contra el reasegurador.

La única excepción – si se le puede llamar así – , se da en el caso de la liquidación voluntaria o forzosa del asegurador donde tampoco hay acción directa pero si un privilegio especial a favor de los asegurados donde del resultado de las compensaciones de cuentas entre el asegurador y el reasegurador, el saldo acreedor que arroje esta cuenta tendrán los asegurados un privilegio especial, es decir un pago con preferencia de los demás acreedores.

El tipo de contrato entre el asegurador y el reasegurador dependerá de muchos factores, y para hacerlo fácil su comprensión, dependerá de la capacidad máxima que puede soportar la compañía de seguros sin poner en peligro su patrimonio y  el equilibrio de sus operaciones como consecuencia de los siniestros que afecten los riesgos asegurados. Para ello las estadísticas del asegurador será la base sobre el cual será definido el tipo de contrato, que en la práctica se denominan proporcionales  o no proporcionales. En el primer caso el reasegurador participa de la prima y de los siniestros en la proporción definida en el contrato. Por ejemplo: el asegurador retiene el 20% y cede al reasegurador el 80%.  En el segundo el reasegurador participa en los siniestros solo cuando el siniestro supere un determinado importe y es llamado también exceso de perdida. Por ejemplo: el reasegurador participa de los siniestros que superen U$S. 50.000, reteniendo el asegurador hasta este monto.

Finalmente, podemos afirmar de que no se puede concebir la explotación de la industria aseguradora sin la existencia del reaseguro, es donde opera la verdadera perfección de la transferencia de riesgo y de la solvencia por excelencia.

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