Revés laboral despertó su espíritu emprendedor

Claudia Carolina

La vestimenta personal dice mucho de una persona en distintos ámbitos. Una buena camisa, por ejemplo, puede mejorar el perfil laboral. Claudia Benítez Fois tuvo, desde siempre una inclinación por el cuidado de la apariencia personal, y tras estar un tiempo fuera del país, y una experiencia laboral negativa, decidió tomar impulso y meterse de lleno en la producción y venta de ropa.

Como una emprendedora en distintos rubros y con preparación en Administración de Empresas, abogada recibida en la UNA y con la carrera de actriz terminada, emprendió rumbo a EEUU en 2010. Allí se encontró con una mayor gama de camisas que veía como una prenda indispensable, elegante y cómoda para el trabajo. Al volver decidió dedicarse a la abogacía, aunque la idea de la empresa propia nunca se terminó por esfumar. En el 2013, con la mente ya ubicada en establecerse en el derecho, tuvo una mala experiencia laboral y tras quedar sin trabajo decidió ¨emplearse¨ a sí misma.

En mayo del 2014 empezó a idear su plan en un cuaderno que aún conserva, y en agosto salieron sus primeras camisas. La emprendedora se decidió rápidamente por el nombre, tras descartar sus apellidos, reconoció un fuerte significado etimológico en sus nombres, y con la idea de dar fuerza a la mujer, se inclinó por Claudia Carolina.

¨La marca nació pensada en ser una marca exclusiva para mujeres, pero no obstante por la buena aceptación, fuimos creando nuevos productos para cumplir con los pedidos de los clientes. Hoy contamos con todo tipo de prendas para ejecutivos y ejecutivas. Confeccionamos uniformes ejecutivos para todo tipo de empresas. Va dirigido a un segmento de hombres y mujeres en edad productiva”, señaló Claudia.

Con una inversión inicial de G. 5 millones, se acercó a un taller de confección que utilizó como capacitación y desde allí fue creciendo. Hoy cuenta con un taller propio con constante producción.

¨Dicen que Steve Jobs empezó su emprendimiento en su garaje. Yo empecé en el sofá de mi casa, sin nada más que mi cabeza y una notebook vieja.  Me sentaba en el sofá, con mi notebook en mi regazo y trabajaba. Hoy al menos ya tengo una pequeña oficinita. Querer es poder¨, finaliza la emprendedora.

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