Cuartel

 

 

JUAN TORRES

@jualtorres

El servicio militar per se no tiene nada de malo. Lo absurdo es que haya una parte de la población que crea que con trotes alrededor de una cancha o una sesión de lagartijas puedan resolverse desde temas de adicción, pasando por el crimen o la falta de instrucción de los jóvenes.

En uno de los desmanejos políticos y comunicacionales más grandes que recuerde, el Gobierno -de manera absolutamente innecesaria- movió un avispero que podía lastimarlo, cuando debería estar buscando cierta “paz social” al cierre de un año tenso, de mucho enfrentamiento y económicamente desafiante.

Declaraciones contradictorias entre autoridades, trabajadores y estudiantes preocupados, padres de escasos recursos imaginando de dónde sacar dinero para pagar la tasa militar de un hijo. Una tragicomedia insólita de fin de año.

Si bien los defensores del SMO argumentan, correctamente, que tiene rango constitucional; me gustaría verlos defender con la misma pasión un derecho también explícitamente detallado en nuestra Carta Magna: el acceso a una educación pública y de calidad. Necesitamos Fuerzas Armadas profesionales, que apunten al análisis de inteligencia y tenga armamento de última generación. Si Bolivia nos declarara hoy la guerra, no la ganaríamos enviando 50.000 hombres a cruzar el Chaco, sino, por ejemplo, hackeando todo su sistema eléctrico. Estamos en 2018, no en 1935.

A los que tengan vocación militar real, espero que puedan aportar en un Ejército modernizado. Y a la mayoría que no, los necesitamos generando valor y riqueza desde el trabajo o el estudio. Ayer me llegó un meme dolorosamente real que explica por qué vivimos una desigualdad lacerante: a los ricos Becal, a los pobres Cuartel.

Quizás el único meme que no me hizo reír.

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