Lo que hice vs. lo que dejé de hacer

Por Stephanie Hoecke
Directora de Oui Oui –  [email protected]

 

Hace tan solo unos minutos Facebook me recordaba una fotografía que publiqué un año atrás durante un evento corporativo. Estaba arreglada, como casi siempre, aunque detrás del maquillaje, el peinado y la sonrisa que esbozaba se ocultaba una mujer terriblemente cansada. En un primer impulso quise borrarla, pero decidí guardarla como fuente de inspiración al menos hasta que terminara de escribir este comentario. Y es que hace un año, en estos mismos días de diciembre, cuando iba corriendo más rápido que de costumbre, sentía que mi mochila del 2017 todavía estaba demasiado cargada de tareas y temas que resolver. Me creía una inútil, aunque lo cierto es que me estaba sobreexigiendo. Y eso se reflejaba en la fotografía.

Solo cuando mi cuerpo me envió unas señales, comprendí que era el momento de empezar un 2018 de manera diferente, trabajando siempre, que es algo que me apasiona, pero tratando de hacer eso que me gusta con una administración más inteligente de mi tiempo y mis energías. Digo esto porque a veces confundimos la palabra ocupada con productiva, creemos que hay que trabajar duro y dedicarle muchas horas a la oficina, pero ¿cuánto de ese tiempo es realmente productivo?

Porque estoy satisfecha con lo andado es que me atrevo a contarte alguno de los cambios que experimenté para recibir a este año que se va con más alegrías por lo que hice que decepciones por lo que dejé de hacer.

Menos es más

Cuando le ponemos un límite a nuestro tiempo, mayor es la capacidad de organización que logramos y es también cuando ponemos más empeño en intentar cumplir con lo que nos propusimos. Yo solía llegar a la oficina con una agenda que manejaba mentalmente, pero desde que la puse por escrito, pude visualizar mis tareas para darle un check a medida que las voy cumpliendo. Eso me ayuda a concentrarme en lo que necesito hacer día a día y me aleja de las distracciones. Aprendí, además, a fijar horarios para mis tareas laborales: al iniciar la jornada dedico una hora a responder emails y urgencias, a continuación marco las reuniones con los clientes y luego voy sumando otras actividades. Claro que no todo funciona siempre como un relojito, pero ese orden del día me permite optimizar mi tiempo.

Innegociables

¿Alguna vez pagaste un mes entero de gym y solo fuiste dos o tres veces? Es un clásico que me pasó en reiteradas ocasiones, aunque este año cambié de estrategia: me propuse ir al menos tres veces por semana y no todos los días, como antes. Bajé mis expectativas y convertí la actividad física en algo innegociable. La hora del gimnasio es sagrada. Apliqué la misma regla para tomar un taller de coaching que hace tiempo postergaba por razones que hoy creo eran más bien una excusa. Además, en materia laboral, traté de huir de todo aquello que implicase horas extras o fuera del horario laboral. Y hasta me permito sin remordimientos alguna siesta cada vez que puedo. Aprendí, en definitiva, a no ceder en aquello que era importante para mí… ¡y qué bien me hizo!

Delegar

Reconozco que es una de las cosas que más me cuesta hacer. Sin embargo, contar con ayuda para resolver determinadas tareas no solo agiliza las gestiones, sino que nos permite concentrarnos en aquello que es importante. A veces perdemos tiempo buscando información o investigando un tema que otros manejan mejor. Entonces, ¿por qué no aprovechar sus habilidades? En el plano familiar, para las que somos mamás también es clave aprender a delegar tareas y a pedir ayuda cuando la necesitamos. Este año me sumé a una red solidaria con algunos padres de los compañeros de mis hijos para darnos una mano a la hora de llevarlos y traerlos de las distintas actividades que comparten.

Deseos austeros

Cada vez que arranco un año me gusta dibujar en un cuaderno una especie de diagrama donde voy delineando metas y sueños. Pero el año pasado me di cuenta de que mis propósitos no solo eran muchos sino que algunos resultaban muy difíciles de alcanzar porque involucraban a otras personas. Por ejemplo, una vez escribí: “Ir de vacaciones con mi hermana”. ¡Jamás le consulté a ella si tenía ganas o podía hacerlo! Mi meta era irreal. Es por eso que este año decidí pisar tierra y ser más razonable con mis deseos. ¿El resultado? Esos pequeños logros me trajeron grandes satisfacciones.

¿Qué hacer con todos los pendientes del 2018? No te preocupes, a mi también me quedaron algunos. Por suerte no es el fin del mundo, sino tan solo un año más que se va. Dando vuelta la página, es posible volver a escribir en el 2019.

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