Un nuevo contrato social

Los números macroeconómicos ya no bastan y la realidad destroza el relato de un supuesto éxito económi­co que tiene pies de barro.

Por Juan Torres
@jualtorres
PERIODISTA

Los países exitosos son aquellos en los que, como sociedades lideradas por visionarios, son capaces de proyectar una “fotografía” atrayente de futuro. Es con esta visión que la clase política seduce a los ciudadanos para que empujen juntos del carro que los debería llevar a una realidad en la que vivan mejor y puedan ser más felices.

En Paraguay, nos falta eso. Hablamos de una idea que nos convenza de que vale la pena seguir peleándola aquí, a pesar de todos los problemas, ya que sabríamos que, atravesada la parte difícil del camino, hay un atrayente punto de llegada.

Los números macroeconómicos ya no bastan y la realidad destroza el relato de un supuesto éxito económi­co que tiene pies de barro.

Y no es sólo la población humilde la que siente los efectos de un modelo que no da para más, concentrado en pocos sectores y que no genera valor por conocimiento. Cada día aumentan las voces, incluso de sectores empresariales, que hablan de una caída fuerte del consumo.

Sin una clase media o media baja cuyos salarios puedan ganarle año tras año a la inflación para seguir consumiendo, la rueda de nuestra economía va a empezar a girar cada vez más lentamente hasta, por qué no, pararse. Y seas pobre o con mucho dinero, a nadie le conviene que eso pase.

A eso agreguemos dos catástrofes simultáneas que amenazan de muerte nuestras posibilidades de éxito: un sistema educativo que nos hunde en la ignorancia y la falta de productividad sumado a la devastación ambiental en gran parte del país debido a actividades extractivas o primarias que de este modo no serán sostenibles.

Queremos ser un país moderno y subido a la ola del conocimiento o queremos seguir languideciendo con una estruc­tura social y económica que va camino directo a estrellarse. Decidamos verlo o no, ya hay señales claras de alarma.

Necesitamos un nuevo contrato social, ésto no da para más.

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