EN TORNO A LA MARCA PARAGUAY

Sí, es cierto; desde hace tiempo nos debemos la concreción de un viejo proyecto: convertir el nombre Paraguay en una marca de vigencia internacional. Los intentos anteriores no fructificaron por diversas razones. Ahora, la ministra Liz Cramer considera una tarea contra reloj lograr cuanto antes un isotipo (logotipo) que represente al país como parte de un programa dirigido a insertar la “marca Paraguay” en el mundo esperando, naturalmente, una respuesta en forma de interés hacia el país no sólo en turismo sino también en iniciativas diversas de negocios. Pero puestos en la perspectiva de que la marca país funcione y genere una corriente de visitantes, ¿estamos equipados para administrarla con eficiencia? Dos países sudamericanos lanzaron sus marcas con buena repercusión. Ecuador puso en danza su eslogan “La vida en estado puro”. Resultado: 2,5 millones de visitantes en 2018.

 

 

Pero el país tiene dos -no uno- aeropuertos rankeados entre los mejores de Sudamérica, el Mariscal Sucre de Quito (2) y el José Joaquín de Olmedo, Guayaquil (4), según reporta la consultora especializada SkyTrax. Perú avanzó en el mundo con su branding “Despierta tus seis sentidos, ven a Perú”, que rindió el año pasado 4,5 millones de turistas extranjeros. Claro que con su aeropuerto Jorge Chávez, Lima ocupa el tercer lugar entre las diez mejores terminales aeroportuarias sudamericanas.

¿Y qué ofrecemos nosotros? El segundo peor aeropuerto del continente, sin perspectivas a la vista de contar con uno nuevo por nuestra consuetudinaria costumbre de perder el tiempo en pavadas y corrupciones diversas. Del ingreso por tierra y la terminal de ómnibus, mejor cerrar los ojos. Lo de la marca país está bien, pero hay que tener un país para mostrar. Y sus puertas de entrada dan vergüenza.

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