Anclados en la era pre industrial

Hay preguntas más que obvias para tratar ciertos temas. Por ejemplo: ¿Qué es mejor, exportar madera en placas, en listones o convertida en muebles terminados? ¿Soja y maíz en grano, o biodiesel? ¿Pacas de algodón desmotado, telas en rollos o, mejor aún, camisas, remeras, etc.?

Estas preguntas nos relevan de la necesidad de ampliar argumentos. Estas disyuntivas se plan­tean desde hace décadas en el Paraguay y aún no hemos podido dar el paso firme y definitivo que nos conduzca de una sociedad pastoril a una modera­damente industrial.

Pongamos atención en dónde estamos parados. Las naciones avanzadas han superado ya incluso la etapa posindustrial para internarse en la sociedad de la informa­ción y la comunicación cuando nosotros todavía no hemos completa­do el escalón hacia el desarrollo industrial.

Pero parece que no ten­dremos otro remedio que concentrarnos en esta eta­pa y bajar por el momento de nivel de prioridades.

Veamos los eslabones de una de las cadenas más exitosas de la economía nacional, la soja. Su exportación en grano ge­neró al país en 2018 US$ 2.200 millones, según datos oficiales del Banco Central del Paraguay; su exportación en forma de harina, US$ 944 millones; y en aceite, US$ 469 millo­nes. ¿Qué hace Argentina, por ejemplo, con los mismos insumos?. En 2017 exportó 1.680.000 toneladas de biodiesel a EE.UU. y Europa por casi US$ 1.700 millones? A Argentina, cuyos produc­tores pagan retenciones a la exportación, una pirámide tributaria delirante y astronómicos costos laborales, aún le queda resto para ser el segundo exportador mundial del rubro. Con un detalle: parte de la soja empleada debe ser la que compra al Paraguay.

Tenemos soja abundante, plantas industriales de categoría mundial, una presión tributaria y salarial benévola. ¿Qué nos falta para abandonar la zona preindustrial?

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