Cuando nos cambian el guion

Por Stephanie Hoeckle Directora Oui Oui
[email protected]genciaouioui.com

 

Cuando mis hijos comenzaron las clases en el colegio y los padres volvimos a interactuar con fuerza en nuestros grupos de WhatsApp, compartieron una ted talk del profesor español José Antonio Fernández Bravo sobre educación (se puede ver en YouTube), donde cuenta que, años atrás, en su rol de maestro de Matemática en una escuela, le preguntó a un niño: “Si tenés tres caramelos, ¿te podés comer cinco?”. El pequeño le contestó que no. El profesor lo felicitó y le preguntó por qué. La respuesta del alumno lo dejó sin palabras: “Porque vomito”.

Rápidamente, el profesor fue a buscar el nombre del niño en la planilla para calificarlo y escribió: “No razona”. Días más tarde, la madre de ese alumno le comentó que su hijo había estado comiendo golosinas que le cayeron mal y que ella le había dicho, por lo tanto, que ya no lo hiciera. Fue entonces cuando el profesor cayó en la cuenta de que quizás el niño ¡sí razonaba!: él podía comerse tres caramelos, pero cinco no, porque ya eran muchos y le hacían mal.

Daba este ejemplo para explicar que muy fácilmente etiquetamos a una persona sin saber la causa por la cual se expresa de una determinada manera, y que él había aprendido con los niños que no está mal que las respuestas que se obtienen (aun en matemática) no coincidan con las que uno espera. Su clase, ese guion preparado que él tenía para educar, dio un giro cuando comprendió que debía enseñar poniéndose en el lugar del que aprende.

Estaba pensando en esa charla porque, a menudo, nos frustramos cuando el guion de nuestro día a día cambia: ¿Saliste apurada de casa con los chicos para ir al colegio y te encontraste con el vehículo en llanta? ¿Estudiaste hasta morir y aún así no obtuviste la calificación que esperabas en el examen? ¿Te esmeraste para presentarle a un cliente tu mejor propuesta y resulta que no le gustó? Todo el tiempo surgen reveses e imprevistos, pero antes de pasar a la siguiente oportunidad es bueno recordar algunas de las enseñanzas de este maestro que yo intento aplicar en mi trabajo, en especial a la hora de tratar con un cliente:

 

Escuchar es como investigar

Una escucha activa —saber qué dicen los demás, por qué lo dicen y cómo se sienten al decirlo— es fundamental para una comunicación eficaz que, a la vez, nos permitirá darles lo que nos solicitan. Y si no lo hemos logrado, nuevamente escuchar nos ayudará a entender mejor la situación. Parece algo sencillo de realizar, sin embargo nos cuesta muchísimo: en primer lugar, porque una discrepancia o rechazo genera disgusto y es común adoptar una posición defensiva; en segundo lugar, porque escuchamos con la interferencia de nuestros prejuicios. Eliminarlos es casi imposible, pero sí podemos ser conscientes de ellos e intentar escuchar al otro a pesar de todo. Fernández lo resume así: Escuchar es casi un sinónimo de investigar, es contar con el otro.

 

Preguntas inimaginables

A veces creemos que todo el mundo tiene que entender lo que hacemos o que la gente va a reaccionar tal como lo planeamos, según nuestro guion. En mi rubro —la Publicidad, las Relaciones Públicas y la comunicación de una empresa— me he encontrado con clientes que me han consultado si podía encargarme de comunicarle a un funcionario que estaba despedido, una tarea por excelencia del departamento de Recursos Humanos.

Lo mismo ocurre cuando presentamos un trabajo o proyecto: aunque todo lo tengamos calculado y perfectamente preparado, pueden surgir preguntas o cuestionamientos que nos van a descolocar, como le pasaba al maestro español en su clase. Lo importante, recomienda él, es “aprender a imaginar respuestas (o en nuestro caso preguntas) que jamás antes hubiéramos podido sospechar”.

 

Buscar otro método

Otra enseñanza de Fernández tiene que ver con el método. Si éste falla en el aula, si lo que se planificó no produce el aprendizaje deseado, el responsable no es el alumno sino el maestro, quien debe ser capaz de replantear su método de enseñanza. Así también en el trabajo tenemos que ser capaces de tener la mente abierta para aceptar modificaciones o cambiar totalmente si es necesario.

Replantear un proyecto en base a sugerencias o críticas es parte del proceso de trabajo. Claro que estresa tener que rehacer algo y no hay garantías de que logremos superarnos, pero dejaremos en evidencia nuestra predisposición a intentarlo de nuevo. Esta frase atribuida a Albert Einstein bien lo expresa: “Si buscás resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”. ¿Lista para un nuevo guion?

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