Los números que a casi nadie importa

En el último año se ha repetido la historia de siempre, una economía que crece, sin reducir sus índices de indigencia.

En primera persona
SAMUEL ACOSTA
@acostasamu
PERIODISTA

Cuando diversos gremios empresariales dieron voz de alerta sobre el menor ritmo de crecimiento en su actividad, el Equipo Económico de urgencia diseñó estrategias para reactivar la economía acelerando procesos para la ejecución de obras públicas y ajustando de for­ma consecutiva la tasa de referencia monetaria para abaratar el costo del dinero en el sistema financiero.

Los medios se llenaron de títulos con la palabra “crisis”; y se instaló la incerti­dumbre sobre el futuro a corto plazo.

Sin embargo, ayer, tras darse a con­ocer los resultados sobre los niveles de pobreza extrema en Paraguay a casi nadie preocupó que en el último año pasaron al estado de miseria o indigencia unas 33.233 personas.

Con esto, el nivel de pobreza extrema se elevó al 4,8% de la población. Estadísti­cas y Censos considera a una persona ha caído al estado de indigencia cuando ni siquiera puede cubrir su alimentación diaria y, teniendo esto como referencia, en Paraguay hay 335.165 personas que sobreviven en esta condición, de este número, 265.281 residen en el área rural.

¿Cómo es posible que en un país con un ritmo de crecimiento al 4% del PIB en los últimos diez años y que produce alimentos para siete veces más que el total de su población tenga gente pasando hambre? El Gobierno debe replantear su estrategia de combate a la pobreza, porque está más que demostrado que la mera transferencia monetaria no es suficiente para reducir los índices.

Paraguay sostiene sus niveles expansión en unos pocos rubros cuyos ingresos extraordinarios anuales maquillan una realidad lacerante, que parte de su población vive con hambre; pero como en las gráficas de crecimiento macro los números continúan en pos­itivo, parece que a nadie incomoda.

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