Prohibir cuando no se puede controlar

Domar por la fuerza bruta es algo que nos surge desde el fondo de nuestra conciencia, integra nuestro ser desde el origen mismo de la Nación"

Un viejo estilo en la política paraguaya es prohibir cuando no es posible controlar algún fenómeno social, político o económico. Durante la dictadura stronista, las prohibiciones estaban a la orden del día.

Era el verbo favorito del entorno del dictador. Aquel anillo baboso y genuflexo se encargaba de ponerle candado a cualquier cosa que, en su paranoia, vieran como amenaza.

¿Algún periodista creía en serio en el artículo 73 de la Constitución de en­tonces (1967) en aquello de “será libre el ejercicio del periodismo en cual­quiera de sus formas”? Palo y a la bolsa. ¿Qué los sitios de expansión social eran sospechados de albergar conspiraciones antiestronistas? Edicto N° 3 y todo el mundo a casa a medianoche. Prohibir, vedar, cancelar, restringir, suprimir, todos los verbos posi­bles eran conjugados al servicio del silencio y la obediencia al amo.

Esta metodología de domar por la fuerza bruta es algo que nos surge desde el fondo de nuestra conciencia, integra nues­tro ser desde el origen mismo de la Nación.

Es transversal a nuestra evolución como Re­pública, no podemos despegarnos de esa costumbre sobre todo cuando estamos en ejer­cicio del poder público.

Si los motociclistas están primeros en la línea de sospechosos ante un asalto, prohibi­mos al acompañante.

¿El casco impide la iden­tificación del motoca? Prohibimos su uso y convertimos al emplea­do de la gasolinera en “autoridad” de aplicación: no se despacha con casco. ¿Los frigoríficos contaminan el agua? Prohibimos su instala­ción en centros urbanos.

Prohibir, cerrar, clau­surar, impedir…¿Y si en lugar de tanta prohibición intentáramos verificar que se cumpla la ley? Así lo hacen las sociedades organizadas y les va bastante bien. Cuestión de probar el modelo. Leyes hay de so­bra. No se necesitan más.

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