La elasticidad

Stephanie Hoeckle / Directora Oui Oui
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En mis rápidas lecturas mañaneras en la web (que incluyen noticias de uno o dos diarios locales, un medio internacional y un par de artículos en publicaciones que se comparten en redes de profesionales de mi área) un tema atrajo recientemente mi atención: los hábitos para desarrollar un pensamiento elástico o una mente elástica.

¿Qué era eso sobre lo que de repente todo el mundo estaba hablando? Por lo que pude averiguar, se llama pensamiento elástico o mente elástica a la capacidad de poner a prueba las propias habilidades —forzarlas al máximo— para adaptarse a una nueva situación, y volver a lograr el equilibrio inmediatamente.

También se puede decir que tiene un pensamiento elástico la persona que está lista para responder a un mundo en constante cambio, que es, además, acelerado. Para ello, sabe cómo cortar en pequeños trozos un problema grande y difícil, para digerirlo de a poco. Está dispuesta a cambiar inmediatamente de estrategia cuando se da cuenta de que se encuentra ante un nuevo tipo de desafío.

Las mentes elásticas pueden imaginarse dos o más soluciones diferentes para un mismo problema, y hasta crear herramientas para resolverlos mejor, más fácil y rápidamente.

 

La Chica Elástica

Después de escribir todo lo anterior, no puedo evitar pensar en Helen Parr o La Chica Elástica, la mamá en la película Los Increíbles, producida por Disney-Pixar. Sus superpoderes parecen ser un símbolo de su actitud ante la vida: un ser capaz de enfrentar situaciones imprevistas que se le presentan a su familia y a ella misma, y de salir adelante a pesar de todo. Como muchas mujeres de la vida real, como nuestras madres y nosotras.

Pero como los superpoderes no existen, no nos queda más que entrenar: sí, es posible ejercitar la mente o el pensamiento para lograr mayor flexibilidad. Revisemos los consejos de algunos expertos.

 

Cómo se puede estimular o practicar

Uno de los autores que habla y ha escrito sobre la mente elástica es Leonardo Mlodinow. En un artículo que leí, se citaban algunas formas de desarrollar la flexibilidad mental según Mlodinow. Por ejemplo, una de ellas es reservar unos minutos al día —o por lo menos varios días a la semana— para soñar despiertos o imaginar. Esto es algo que antes alguien denominó ocio útil: no hacer nada más que pensar… ¡que no es poca cosa!

Otra recomendación es tomarse la costumbre de entablar conversaciones con gente fuera de nuestro círculo social: un colaborador, alguien que trabaja en el edificio donde está nuestra oficina, un proveedor, gente con la que no tenemos ningún tipo de relacionamiento laboral o personal, compañeros de espera en el consultorio médico… En esta época de tantos medios tecnológicos, enfrascadas como estamos en nuestros celulares y laptops, vamos dejando de lado la costumbre de charlar con la cajera del supermercado, la manicura, el antiguo mozo del restaurant que frecuentamos, el veterinario que atiende a nuestra mascota, etcétera.

Y yendo un poco más lejos con el consejo anterior, se recomienda tomarse el trabajo de escuchar o leer las ideas de aquellas personas o grupos con quienes generalmente estamos en total desacuerdo (por ejemplo, gente de un partido político diferente o de otra religión).

 

Otro escenario

Salir a caminar cuando aparece un nuevo problema es una práctica que también se aconseja, pues lo importante es abandonar el ambiente por un rato para pensar mejor, con un cambio de escenario. Similar a esto, es la sugerencia de hacer una actividad física o artística.

Y cito un último consejo, aunque son muchos más: dicen que la novedad es lo que alimenta a una mente elástica, porque contribuye al desarrollo del cerebro. Por lo tanto, aprender algo nuevo, visitar un lugar desconocido, comer algo por primera vez, ver un estreno en el cine, ir a conciertos o puestas de teatro o visitar exposiciones de arte son ejercicios de elasticidad.

A la hora de elegir un libro, probemos algo diferente. No se trata de leer textos jurídicos si somos abogadas, tratados de economía si trabajamos en finanzas ni libros de comunicación y marketing si a eso nos dedicamos. Al contrario: que la economista lea una novela, la fisioterapeuta un libro de arte, la publicista algo de historia…

 

Ejemplos inspiradores

Si nos detenemos a pensar por un momento en personas famosas y exitosas que admiramos, probablemente podamos reconocer en ellas las características de las mentes elásticas: empresarias que además son apasionadas deportistas, estrellas de cine que, a la par de su carrera, dedican su vida a buscar soluciones a un problema ambiental o social, o destacadas profesionales de la medicina que son también escritoras.

Hagamos la prueba: anotemos los nombres de tres personas exitosas en lo que hacen y pensemos –o averigüemos— cómo son: es probable que tengan algunos rasgos de elasticidad de los que estamos hablando.

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