La nulidad del contrato de seguros

Asegurar un riesgo que no existe o ha desaparecido o bien asegurar un riesgo con la eventualidad de un siniestro ya producido, hace nulo el contrato de seguros y lo deja sin efecto para las partes"

GUILLERMO FRONCIANI
ABOGADO

Sabemos que la convención donde se formaliza el contrato de seguros tiene como fin que el asegurador se obligue mediante una prima pagada por el asegurado, a indemnizar el daño causado por un acontecimiento incierto, o a suministrar una prestación al producirse un evento relacionado con la vida humana (Artículo 1546 del Código Civil).

Pero el contrato de seguros como cual­quier tipo de contrato puede resultar también nulo o bien puede ser anulado, rescindido o resuelto por determinadas circunstancias que están claramente defi­nidas en la normativa y es bueno conocer aquello que motiva para que se produzca esa interrupción de la relación entre ase­gurado y asegurador.

El Código Civil en su artículo 1547 expresa: “…El contrato de seguro es nulo si al tiempo de su celebración el siniestro se hubiere producido o des­aparecido el riesgo…”. Este primer párrafo alude a una nulidad condi­cionada al acaecimiento del siniestro antes de la celebración, o bien, a que no haya posibilidad alguna de que ocurra porque ya no existe riesgo. El Artículo 318 del Código, referido a la “condición” de determinados actos jurídicos, tiene relación a este tipo de contrato condicionado y expresa: “…En los actos jurídicos, las partes po­drán subordinar a un acontecimiento futuro e incierto, la existencia o la re­solución de sus efectos…”

La esencia del contrato de seguro es, pues, el “riesgo” con el complemento de la “in­certidumbre”. Ambas combinaciones son esenciales. Debe existir un riesgo y no puede haber certeza o certidumbre de que un siniestro afecte al riesgo o peor aún, que ya haya afectado antes de la ce­lebración del contrato. El siniestro es un acontecimiento “incierto” y “futuro” que no ha podido preverse, o que aun previs­to, no ha podido evitarse. Lo incierto y futuro es lo que lo hace “asegurable” y es lo que dispara el interés del asegurado en tomar la previsión ante dicha eventuali­dad. Continúa el articulo del Código: “…Si se ha convenido que comprenda un pe­riodo anterior a su celebración, el contrato es nulo solo si al tiempo de su conclusión el asegurador conocía la imposibilidad de que ocurriese el siniestro, o el toma­dor sabía que se había producido…”, esto se refiere a que, si la vigencia del contra­to se hace retroactiva es factible pero la nulidad del contrato tendrá los mismos requisitos citados anteriormente, es de­cir la imposibilidad de que ocurriese el siniestro (certidumbre) o peor, que ya se haya producido. El artículo 357 del Códi­go Civil establece que “…es nulo el acto jurídico…”b” si el acto o su objeto fueren ilícitos o imposibles…”. Por tanto, y como vimos, el “objeto” en seguros es el riesgo y si fuere “imposible” –a decir del Código – es que ese riesgo haya desaparecido o el siniestro ya se hubiere producido antes de la celebración. En estos casos pues es nulo el contrato y sus consecuencias es que el acto jurídico vuelve a su punto de origen, es decir pierde efectividad.

Es importante diferenciar el acto nulo ci­tado del acto anulable. El primero opera de pleno derecho, es decir en forma auto­mática, en tanto el acto anulable requiere que una de las partes interesadas en anu­lar solicite la anulación o rescisión, mien­tras tanto, el acto sigue siendo válido.

Es bueno diferenciar también entre res­cisión y anulación, citado varias veces en el contrato de seguros. En la rescisión se concluye con los efectos de un contrato válido, en tanto en la anulación se declara la cesación de sus efectos, porque no exis­tió el contrato o porque está viciado por alguno de los motivos señalados en la ley.

Habiendo dado la explicación técnica, podemos citar ejemplos prácticos de nu­lidad en el contrato de seguro. Un asegu­rado celebra el contrato con el asegurador sobre un seguro de transporte de merca­derías de un destino a otro. Pero resulta que la mercadería nunca se embarcó en origen y no se comunicó esto al destina­tario. Como tal el seguro es nulo ya que nunca existió el riesgo expuesto al trans­porte. En un escenario similar también en el seguro de transporte de mercancías, cuando el asegurado solicita la cobertura semanas o meses posteriores a la fecha de salida de la mercadería de origen y durante la travesía, la carga ha sufrido un siniestro, antes de celebrarse el contrato. Esto era un evento desconocido para el asegurado y el asegurador pero si este último estaba en conocimiento del sinies­tro no celebraría el contrato. El siniestro se produjo antes de la celebración por tan­to el contrato es nulo por el principio del artículo 1547.

Por tanto, es importante recordar que ase­gurar un riesgo que no existe o ha desa­parecido o bien asegurar un riesgo con la eventualidad de un siniestro ya produci­do, hace nulo el contrato de seguros y lo deja sin efecto para las partes.

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