URUBÚES 

Despiértese, señor presidente

Por Juan Torres

@jualtorres

Mario Abdo Benítez no la tiene fácil en sus primeros meses. Le toca lidiar con una desaceleración económica que tenía que llegar alguna vez, y ocurrió de la mano de una Argentina en recesión y un Brasil que no puede levantar vuelo. A eso hay que sumar la debacle de los precios internacionales de nuestras commodities, cuyo efecto fue acentuado por la sequía que afectó la cosecha de este año. Una tormenta perfecta a la que, además, se sumaron las inundaciones en algunas zonas del país.

 

Su liderazgo fue tildado de frágil desde el inicio y tuvo que sufrir el escarnio público de que Hugo Velázquez, su propio vicepresidente, dijera abiertamente que desea sentarse en su sillón del Palacio de López; algo inédito y que para otros mandatarios sería considerado grave e insultante.

A estas alturas, pocos recuerdan ya que Cartes tuvo un arranque igualmente mediocre debido a que fue él mismo quien pidió a la administración Franco que parara toda la obra pública y luego costó arrancar de nuevo el motor de la economía.

 

Informantes en el Palacio hablan de un círculo rojo de una inutilidad complaciente. Nadie se animaría a abordar al presidente y decirle abiertamente que las cosas no van bien y que es necesario hacer algunos ajustes drásticos. Mientras, algunos miembros de la bancada oficialista no paran de coquetear con el cartismo.

 

El malestar con Velázquez se empieza a hacer intolerable debido a que él parece negociar cosas por fuera, pensando ya en su posicionamiento a futuro, antes que en jugar su rol constitucional a favor de la chapa por la que fue electo 

 

Uno de los frentes en los que Abdo Benitez parece tener crédito ciudadano es en el de una mayor lucha contra el crimen organizado y la corrupción. Cuando esos temas adquieren centralidad en los medios, su gobierno se fortalece. Pero incluso tratándose de eso, hay voces dentro de su administración que le dicen que “habría que suavizar el tema”, ya que “empieza a afectar a la economía”, debido a que las mafias y toda forma de actividad ilegal mueven miles de millones de dólares al año en nuestro país, incluso en forma de impuestos, una vez que ese dinero es lavado y blanqueado.

 

Lo del golpe al circulante, en el corto plazo, es innegable, pero resignarse sería admitir que el Paraguay se convirtió en un estado mafioso y que a largo plazo sería inviable. ¿Qué empresa o inversor global importante arriesgaría su capital en un lugar así?

 

Despiértese, Señor Presidente. Gobierne usted y rearme su mesa redonda con gente que realmente juegue en su equipo y que quiera que le vaya bien. Encuentre ese Rasputín, ese Calé “del bien” que necesita para aconsejarlo y espante a los urubúes que ya lo sobrevuelan.

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